Bajo arresto (casi) voluntario en Pakistán

Bajo arresto (casi) voluntario en Pakistán

El atardecer de aquel día que llegué a Quetta quedará para el recuerdo. Venía desde la frontera iraní después de cruzar 600kms escoltado con máxima seguridad paralelo a la frontera afgana. Arrastraba polvo, tierra y sudor que se entremezclaban con mis ganas de documentar todo lo vivido.
En la periferia de la ciudad fui transportado por dos vehículos blindados cruzando algunas de las partes más peligrosas de la ciudad y posiblemente de todo Pakistán. Fueron 30 minutos de bocinazos y sirenas para abrir el tráfico caótico que de inmediato me recordaba a India, claro, alguna vez Pakistán e India fueron el mismo país y muchas similitudes siguen siendo evidentes al instante. Antes de poder decirle al oficial del 2do blindado que no quería comprar opio afgano, se abre la compuerta pesada del jeep antibalas. Me bajo y me encuentro en una intersección o rotonda, o quizá una mezcla ruidosa y desordenada de las dos. Mis compañeros de ruta no se bajan, pero antes de percatarme de eso, aparece Imran. Él es el primero que estrecha mi mano mientras sostiene su AK-47 con la otra. Su casco táctico, uniforme y la máscara negra que sólo me deja ver sus ojos me dice que estos chicos ya no son como los relajados levies con los que crucé el desierto pakistaní unas horas antes. Acá la cosa parece ser más ajustada, seria y a contra reloj.

Paseando por los barrios pesados de Quetta en un blindado.
Paseando por Quetta en un blindado. Las banderas hacen referencia a las elecciones en el país, no un buen momento para llegar.

Me desarman de mis mochilas y cada una va a parar en la espalda de un enmascaro de mi nueva custodia, el grupo comando, Eagle Squad. Las cinco motocicletas, con tres soldados en cada una salen casi haciendo “willy”. A máxima velocidad nos fusionamos y nos separamos varias veces del espeso tráfico en una carrera que me hace sentir parte de una escena de acción elevando mis niveles de adrenalina con cada maniobra brusca. Imran, mi chofer y comandante del grupo de elite grita a quien se nos cruza y hasta ordena que otros de los suyos se bajen de sus motos (con dedo en el gatillo) para apurar cara a cara a los otros conductores que demoran la masa de chasis estáticos. Parece que mis amiguitos no querían parar ni un segundo para no exponerse a un posible ataque, supuse. Hace unos años hubo secuestros de extranjeros en esta misma ciudad. Los secuestros pueden ser orquestados por locales como por aquellos que cruzan desde Afganistán, a pocos kms de distancia. Las razones pueden ser para hacerse unos billetes o por cuestiones políticas y separatistas de algunos baluchis, la etnia mayoría en la región de Baluchistán.

Segunda parte del viaje por la capital de Baluchistan.
Segunda parte del viaje por la capital de Baluchistan. Creo que no me lo estaba tomando con la seriedad que merecía, pero nunca me sentí en peligro.

Camino al hotel Bloom Star, monopolio del alojamiento en Quetta para extranjeros nos cruzamos con gran presencia armada. Pick ups con tropas en algunas, francotiradores en otras, tanquetas cruzadas en el medio de las avenidas y muchas AK-47 para donde se revolee el ojo. Las elecciones para Primer Ministro se darán al día siguiente y este momento, amigos, es uno de los más peligrosos del años y el peor para pasar a saludar a Pakistán. Pero, bueno, yo no sabía. Se me viene a la mente aquellos que me sacudían su dedo índice diciéndome que no puedo seguir viajando por el mundo sin ver las noticias, más aún en caso que un evento amenace directamente mi seguridad, como éste, por ejemplo. Muy tarde, ya estaba en el baile.

Con una entrada cinematográfica ingresamos al estacionamiento del hotel y a pesar que quería bajarme sin hacer el rídiculo y arriunar toda esa coreografía de acción hollywoodense, por culpa de mis sandalias iraníes que me quedan grandes casi me caigo de la moto al querer bajar con estilo. Entramos a la recepción a las corridas, como si estuviéramos en un triatlón olímpico. Al verle los ojos y la postura al recepcionista del hotel Bloom Star, inmediatamente note que se relamía por dentro del precio desubicado que me iba a pasar. El escuadrón enmascarado espera detrás de mío sin volver a la acción, casi relajando en los sillones del lobby. 2500 Rupias Pakis (casi 20 dólares) me dice el recepcionista mercenario. Mi cara se desdobló como si hubiera insultado a mi amado Paco, el perro de mi mamá en Córdoba. Le retruqué que quería acampar en el patio. Lo bajó a 2000 RPK (15 USD), seguía siendo fortuna y yo ya me impacientaba. Estar obligado a pagar por dormir y no tener el derecho de acampar en cualquier otra parte por medidas de seguridad me desesperaba, estaba en un jaque que nunca pensé conocer.
Afortunadamente no fue jaque mate. Imran se acerca con ojos redondos (lo único que podía registrar de su rostro), posiblemente también espantado por la tarifa desubicada. Con una mano en mi hombro me invita a la estación de policía local para pasar la noche sin costo. Agarré mis bultos a las apuradas y me fui dejándoles picando una sonrisa victoriosa sobre el vidrio de la recepción.

Otra carrea motoquera armada por la ciudad y llegamos a la Bijli Road V Police Station.
Me bajo (con estilo esta vez) y a lo lejos veo un policía acercarse al trote. Ubert viene corriendo cargando su AK-47 como a su sonrisa que le ocupa la mitad de la cara. Leo en su remera, “commando” y “anti terrorist division”. Charla de presentación fija y con orden de prioridad: nacionalidad, estado civil, religión y por último, nombre. Me confiesa, haciendo algo de catarsis pero sin desarmar su sonrisa mientras marchamos para hacer el “check in” y estrechando manos que van surgiendo de la nada en el cuartel, que es el único cristiano en la estación y que se alegra de conocer otro, aunque yo sólo le haya dicho que vengo de una familia católica. Ubert, por su simpatía, transparencia y su sonrisa imposible de ignorar, fue uno de los que siempre tuve cerca durante los cinco días de este arresto voluntario en la Bijli Road.

Algunos personajes me hacían acordar a la Locademia de Policía.
Algunos personajes me hacían acordar a Locademia de Policía.

Hay movimiento policial en esta estación. Uniformados de distintas grupos van y vienen, y a esta altura del partido, la novedad ya pasó y mis ojos curiosos ya no se pegan más al arsenal de Kalashnikov que tengo alrededor como me pasó esa mañana temprano.
De a ratos me sentía totalmente desubicado e incómodo entre tanto uniforme con bota. Quizá sea porque en Argentina, tristemente, la policía no tiene la mejor reputación, y digo eso a pesar de tener varios amigos de uniforme azul en Córdoba. Sin contar que muchas veces se idealiza al policía (ya sea de frontera, quien te pide el pasaporte en la calle, o el que te abre la mochila buscando una excusa para guardarte) como el peor enemigo de un mochilero vagabundo. Prejuicios generalizados que lamentablemente uno crea al cruzarse con algunos uniformados que confunden su rol al cruzar la línea del abuso. A pesar de mi cara de baldosa, instintivamente, mis sentidos estaban en alerta máxima ese primer día.
El lugar que me indicaron para dormir exhibía un piso el cual debe haber sido trapeado por última vez cuando los británicos todavía ocupaban estas tierras.
Los mosquitos y moscas ya no respetan al sol y la luna, y trabajan en conjunto. Cucarachas por aquí y por ahí. Puse la carpa en un rincón alejado de donde ellos duermen, en el otro extremo de la habitación, haciéndome sentir que yo mismo me mandaba a penitencia y/o a la cucha del perro.

La sala de relax. Nótese mi carpa el fondo.
Momento de relax. Nótese mi carpa el fondo.

Al otro día conocí a tres integrantes de un grupo comando con los que también nos hicimos chanchos amigos. Me contaron que hace varios años que otros extranjeros se hospedan en la seccional, una noticia que me sacó el peso de la espalda de sentirme una carga y una sanguijuela de la generosidad policial, en especial porque el pronóstico de feriados post elecciones ya se tildaba de extenso y me esperaban 4 días en total de espera para poder registrarme y así poder dejar la ciudad, Baluchistán, la escolta armada y ser libre en Pakistán, finalmente.
Cada vez que les preguntaba cómo había sido su día me respondían con la misma sonrisa y un pulgar hacia arriba. Las elecciones para Primer Ministro sucedían en mi 2do día y por alguna razón me parecía raro que no hubiera habido ninguna protesta o conflicto, digo esto porque la región de Baluchistán es conocida por ser un volcán, inclusive en tiempos de tranquilidad y sin revuelo político. Mis nuevos amigos no me pasaban lo que realmente sucedía en las calles. Una bomba había matado a 35 civiles y a cinco policías ese mismo día. Me enteré cuando pude espiar un poco de internet por unos minutos antes de seguir incomunicado virtualmente.

Escoltado hasta para ir a comprar un pasaje de tren.
Escoltado hasta para ir a comprar un pasaje de tren.

El patio de la estación tiene una interesante colección de chasis de motos y autos apilados, lo que acerca más a este lugar a un desarmadero que a una estación policial. La radio comando se escucha fuerte y desde cualquier punto de donde se esté. A pesar que cada tanto aparecen caras nuevas, ya conozco a la mayoría. Los días pasan y no hay mucho para hacer, salvo selfies a pedido de los chicos que posan con caras serias y sosteniendo sus AK 47s con postura Rambo. También hay sesiones de té masala con kilos de azúcar por taza para largar con charlas de todo tipo, las que principalmente son de la actualidad de Argentina y de otros países que sueñan conocer. Luego les tocó a ellos. Los temas iban desde el alcance de un disparo de Kalashnikov (800 mts sin viento) a clases de Urdu y hasta la actualidad del cricket en Pakistán, el deporte más popular. A pesar de la tensión que se vivía afuera, las sonrisas y la buena compañía que me envolvieron esos cinco días fueron incondicionales.

Este cuartel fue construido por los ingleses y parece como si se hubieran ido ayer. Todo igual (salvo los autos).
Este cuartel fue construido por los ingleses por lo menos 100 años atrás y parece como si se hubieran ido ayer. Todo igual (salvo los autos).

Las instalaciones son básicas pero me siento a gusto, quizás porque me recuerda mucho a India. Salvo la religión, Pakistán e India tienen casi todo en común, inclusive la infraestructura que dejaron los ingleses al marcharse 60 años atrás. Todo está como si no hubiera pasado ni una hora de esa huida. Debe ser por eso que me siento tan a gusto en estas naciones, esa antigüedad que todavía funciona crea una atmósfera única en este mundo. Casi no hay modernidad en edificios gubernamentales y todo sigue siendo hecho de esa madera y metal pesado que probablemente tienen más presencia en museos y tiendas de antigüedades del mundo que acá. Pakistán e India son un viaje en el tiempo, pero lo dejo ahí, no quiero irme por las ramas.

Vasija dispensario de agua de toda la estación.
Vasija dispensario de agua para toda la estación.

La cocina de la habitación, dos hornallas portátiles conectadas a una garrafa de gas, está ubicada justo al lado de mi altamente inflamable carpa. No la usan mucho, pero cuando lo hacen, sufro. A veces cocinan y a veces (a puertas cerradas) usan la llama para ablandar el hachís clavado a un cuchillo. “Mulki”, me dice uno del escuadrón especial con el que ya tengo confianza. Esta pasta es hachís afgano mezclado con el pakistaní y la excusa para juntar a varios a la misma hora del día. Mi presencia ya es parte del decorado de la habitación y la fumata se da sin molestarles que yo esté ahí. Al observarlos fumar y trasladarse, pienso. Pienso en ese escape de rápido efecto que los revolea a otra realidad sin estrés ni peligro, una realidad que los hará olvidar por un rato de la que vienen, de aquella donde el riesgo de terminar muerto es casi una cotidianidad por estas tierras olvidadas y polvorientas.

Con lo´pibe´.
Con los chicos.

Fueron cuatro noches y cinco días en total de este arresto voluntario que me tocó vivir por ahorrar en hotel y por llegar justo en elecciones. Una condena para mi propia seguridad y en la que no me dejaron ni salir a comprar un paquete de galletas, aunque nunca me faltó nada.
Al final conseguí el permiso para salir (NOC, Non Objection Certificate) y dejé a esta gente con abrazos y obligado a prometer mi retorno.
Más que nunca, todo pasa por algo. Llegar a Pakistán justo cuando semejante momento político sucede y por fuerza mayor quedar inmovilizado casi una semana es algo para destacar.
Llegué, también, en uno de los instantes más críticos, históricos y esperanzadores de Pakistán. Imran Khan, campeón mundial de Cricket, o sea, héroe nacional, es el nuevo Primer Ministro y quien promete limpiar el país de una corrupción que viene corroyendo los sueños de millones desde hace décadas así y también poner a esta nación en el lugar que merece y borrarla de la lista negra donde algunos países caen por empujones de otros.
Perdí casi una semana de visa (de mis 14 días en total) a cambio de las cosas que me tocó vivenciar acá. En parte me lamenté por no haber podido usar esos días para pasar más tiempo en los Valles de Hunza y Nagar, paraísos del norte pakistaní, pero que admitir que tampoco la pasé tan mal. Además estoy seguro que así tenía que ser. Al vivir esto fui testigo directo de una realidad que no se publica mucho, fue como estar detrás de cámaras de un show policial donde algunos son los protagonistas en la ciudad más peligrosa de Pakistán, mientras que yo, ahí mismo, pintado y ajeno a lo que sucedía a mi alrededor y en modo espectador al máximo.

Un muy buen recuerdo de cómo la gente puede seguir siendo hospitalaria y amable bajo un ambiente tan pesado y estresante.

¡Gracias por pasar!

8 thoughts on “Bajo arresto (casi) voluntario en Pakistán

  1. Mas alla que uno diga que es su forma de vida, que estan acostumbrados , vaya!! hay que vivir con esa tensión constante que por eso deben drogarse, para sacarse el miedo y mantenerse….digo..pero eso tambien los vuelve peligrosos o no?

    1. Hola Silvia, gracias por comentar! Lo que compartí en cuanto a lo que fuman fue simplemente para mostrar el lado que no se ve de personas que ni se conoce. La droga existe en Pakistán y a la vuelta de tu casa o la mía, y no por eso son peligrosos lo que lo hacen. Las razones por lo que lo hacen pueden ser muchas. Yo sentí que lo hacían para despegarse un poco de lo que viven a diario. No todos fumaban en el cuartel, es más, eran dos o tres. Y no son peligrosos para nada, Silvia, al contrario, me sentí super seguro y con muy buena energía de su parte. La peligrosidad va mucho más allá de la droga.
      Gracias otra vez por pasar.
      Saludos.

  2. Realmente Benji…..tus ángeles te cuidan y estas protegido!!!!, son lugares peligrosos..han ocurrido algunos incidentes graves que ya leerás en internet…..te abrazo y no te arriesgues tanto…..cuídate!!!!!

    1. Hola Rita, sí, sé que hay inestabilidad en algunas partes, pero también sé que la gente en estos lugares pareciera que no existieran en el mapa, y por eso viajo, para conocer esas personas y lo que tienen para compartir.
      Igual me cuido 🙂

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *