Un camino agridulce a Irak

Un camino agridulce a Irak

Como todos sabemos, en la vida no siempre suceden las cosas que esperamos, ya sea camino a la oficina o camino al siguiente país con mochila a cuesta. Es más, a veces pareciera como si la vida, Dios, la naturaleza, el destino o la Pacha Mama nos jugara una bromita. Una broma que nos sacude fuerte, pero que a último momento nos sostiene justo antes de tocar el suelo con la frente. Y es por este fenómeno que les quiero compartir una historia, la que, por el orden de los hechos fue más dulceagria que agridulce.

Estoy en Tbilisi, capital de Georgia, y me acaban de aprobar la visa de Irán. Felicidad total junto al apuro de empezar a moverme de inmediato. Ya es mayo y no quiero entrar a Irán para junio cuando el verano está al máximo, y menos derretirme las suelas en el desierto. Pero en lugar de ir a dicho país vía Armenia, decido hacerlo por Turquía e Irak. Esta idea surgió como consecuencia de la posibilidad que me den la visa para Irán de una sola entrada. Estefanía, una amiga argentina que estuvo en el norte iraquí (Kurdistán) hacía un mes fue la que me recomendó cruzar dicha región de oeste (desde Turquía) a este (hacia Irán). La idea me encantó y enseguida escogí las rutas, y salí a las apuradas. Era la 2da vez que entraba a Turquía sin dejar que se renueven los 90 días de estar fuera del país. Y el guardia turco en la frontera me confirmó eso, “5 días”, me dice. Tengo 5 días para hacer más de 1000kms hasta la frontera con Irak. ¿Pero por qué Irak? Porque me siento fascinado y atraído por los kurdos y todo lo que hace a esta etnia tan desprestigiada, tan especial.

Entrando a Turquía por 2da vez y a las apuradas.
Entrando a Turquía por 2da vez y a las apuradas.

Con la cuenta regresiva en mi mente, comienzo a moverme rápido de vehículo en vehículo con rumbo sur. Cruzo lugares ciudades como Ardahan y Oltu, pero antes de salir de la última me cruzo con un adolescente que decide acompañarme unos metros para mostrarme la salida de la ciudad y también me invita a pernoctar en la casa de sus padres, en Erzurum, la ciudad que definitivamente iba a ser mi parada temporal esa noche, a unos 120kms más adelante. Acepté sin dudarlo y tomé nota del teléfono correspondiente. La hospitalidad turca ya me empezaba a envolver de a poco.
Con un paisaje árido y montañas de tantos colores, sentía estar cruzando el noreste argentino con varios cerros de 7 colores como testigos. El paisaje es una pintura que se disfruta a pesar del buen rato de espera en estas rutas desoladas y secundarias del noreste turco. A lo lejos veo lluvia acercarse y con un pulgar siempre firme, más la urgencia de resguardo y mi rostro de auxilio, juntos hicieron efecto en la conciencia del chofer de un minibús quien me levantó sin cobrarme. Destino: Erzurum. Alivio.

Paisajes ruteros del noreste turco.
Paisajes ruteros del noreste turco.

Esa tarde noche me alojó la familia de un chico que, lamentablemente, no llegaba a recordar el nombre. A sus padres no les va para nada mal y su espaciosa casa tiene un departamento anexado para huéspedes. Ahí terminó el que escribe. Ducha, comida deliciosa y una cama. Un resultado hermosamente inesperado unas horas antes. Agradecimiento total por semejante acto de bondad.
A primera hora del otro día continué mi peregrinaje de urgencia y decidí dejar las rutas secundarias para entrar a las principales y con mayor tráfico.
Cuando me preguntan el destino sigo omitiendo el real (Irak) y sólo suelto la palabra, Mardin, ciudad turística cerca de Siria (muy cerca) y camino a Irak, perfecta para desviar todo tipo de preguntas, en especial de los controles militares turcos que cada vez se vuelven más frecuentes en la ruta. El conflicto entre Turquía y fuerzas kurdas en Siria terminó hace unos dos meses, pero la presencia militar turca sigue estando en toda la zona donde hay población kurda en Turquía.
Al decir mi nacionalidad, la respuesta de mis conductores kurdos (los que tampoco saben mi destino) no es la clásica “Maradona, Messi”, sino, “¡Che Guevara!”. Es claro, muchos kurdos tienen una tendencia a inclinarse al socialismo y un amor secreto por la guerrilla.

Finalmente llego a Mardin (a 200kms de la frontera con Irak), todo un logro en dos días sin mojarme por el diluvio que me fue acompañando de cerca. El cambio del paisaje fue lo más alucinante del día. De montañas rocosas, filosas y coloridas a bosques de un verde eterno para luego pasar de repente a una planicie convertida en plantaciones de trigo, las que se asemejaban a un colchón suave e infinito que ondulaba de lado a lado por una brisa calma.

Se dice que Mardin tiene unos 4000 años y desde las alturas de su parte antigua se logra una muy buena vista de lo que alguna vez fue la Mesopotamia, región que dio a luz a Sumeria y a otras de las primeras civilizaciones humanas que se tenga registro, unos 8000 años atrás.

Aquí me encuentro con Rodabdula (nunca me quedó claro la pronunciación de su nombre), hermano de mi último chofer y quien me invitó a dormir en el dpto. que comparte con otros universitarios. Pero parece que no sólo el alojamiento estaba cubierto. Luego de un té casi obligatorio me invita con sus amigos a un “Hamam”, más conocido como baño turco y algo que experimentaba por primera vez después de 3 meses en Turquía. La instalación donde hombres y mujeres entran por separado está construido en su interior solo de mármol blanco y su origen data de por lo menos un milenio. Imaginen la cantidad de gente que relajó ahí dentro durante ¡mil años! Muy fuerte, y más aún porque estaba ahí sin pagar.
Por lluvia y granizo al día siguiente, suspendí el viaje y me quedé una 2da noche en Mardin, descontando 3 noches de las 5 en total.

Vista desde Mardin a la antigua Mesopotamia y lo que hoy es Siria.
Vista desde Mardin a la antigua Mesopotamia y lo que hoy es Siria.

El cuarto día y sin saber, todavía, que sería el más traumático, me encontraba en la ruta con una bola de ansiedad y casi sin dormir la noche anterior. Uno no entra a Irak todos los días y más allá de no haber peligro en el norte del país, o sea la región de Kurdistán, los fantasmas que relacionan el nombre de la nación como un destino turbulento se hacen presentes en cada pensamiento.
Dos hombres me levantaron, y a los pocos kms me invitan un desayuno rutero que me levantó el ánimo y me hizo olvidar de la ansiedad por un rato.

Desayuno rutero a lo kurdo/turco.
Desayuno rutero a lo kurdo/turco.

Por entre chasis de camiones mutilados y casas en construcción (o en ruinas) cruzo un pueblo que nunca registré el nombre. Del otro lado de la ruta me hacen seña para tomar té. Conozco a Hasan, quien me invita una tasa de la infusión y unas almendras para hacer ruido con los dientes. Luego de una charla breve sobre mi destino, mi vida y demás usando mi ultra básico kurdo kurmanji, decido volver a la ruta. Kurmanji es uno de varios idiomas que se habla en territorio kurdo y los cuales se pueden escuchar entre Siria, Turquía, Irán e Irak. Por falta de tiempo para clases y para no depender tanto del traductor del celular, mis profesores de lengua son cada uno de los conductores que me ayudan en la ruta.
Hasan se despide estirando su mano con un billete de 100 liras turcas al que me niego a tomar. Termina ganando y me voy con el papel en la mano reflexionando en cómo puede ser que la gente te dé dinero con tanta generosidad y sin dudarlo un segundo. Como todo pasa por algo, aunque obviamente sin saberlo en aquel momento, ese hecho iba a ser parte (positiva) de los eventos desafortunados que vendrían después.

Cruzo unos 6 checkpoints en menos de 70kms y mostrar mi pasaporte junto al control de mis mochilas para control ya pasa a ser algo normal. Ya estoy cerca de Irak y no oculto más mi verdadero destino a los soldados. Las preguntas se incrementan, pero no pasan de ser solo preguntas y ojear mi pasaporte de arriba a abajo.

De repente me encuentro en Cizre, ciudad polvorienta pegada a la frontera con Siria y a pocos kms de Irak, una especie de triple frontera y un lugar donde no me quiero quedar mucho tiempo. Apuro el paso y cruzo, sin ver quien conduce, a vehículos blindados turcos más grandes que antes y con calibre grueso. Algunos niños kurdos me siguen unas cuadras. Ellos practican su inglés conmigo y yo me encargo que me sigan para demostrar que soy simpático e inofensivo, a pesar de la atención que despierta la presencia de un desconocido con mochilas de un tamaño inexplicable y sospechoso en un lugar donde hubo mucha tensión hace poco.
Cruzo el gran río Tigris, alguna vez testigo de la Mesopotamia hace más de 8000 años y hoy frontera natural con Siria. Con los últimos 44kms para llegar a destino me levanta un taxi y me lleva sin cobrar, ¿destino? ¡Irak! No lo podía creer. No veía la hora de dejar Turquía como y a sus soldaditos de una vez por todas. El chofer anota mi número de pasaporte y nombre en un formulario junto a los datos de otros pasajeros que se fueron sumando en el viaje. “¿Passport, ok?”, me pregunta a los minutos. Respondo que sí con una sonrisa calma y tratando de reflejar un nivel de tranquilidad que sofoque por un instante a mi ansiedad y a los altos niveles de adrenalina que ya picaban alto.
El control fronterizo turco es tan rápido que no lo puedo creer. Seguimos todos juntos en el auto, ya que no se permite cruzar a pie, y volvemos a cruzar al Tigris para ahora ver de lejos a la bandera iraquí junto a la de la región de Kurdistán. Alegría y alivio de ver esas dos banderas y haber salido de Turquía a tiempo. Ya nada puede salir mal…

El ancestral río Tigris cruzando la ciudad de Cizre.
El ancestral río Tigris cruzando la ciudad de Cizre.

Bueno, eso es lo que yo pensaba. Una de los peores momentos en mucho tiempo se estaba por mostrar.

Oficial iraquí: “¿Dónde está tu visa?”.
Yo: “Ehh… ¿qué visa? Los argentinos no necesitamos visa”.
Oficial: “Argentina no está en el listado libre de visa. Sin visa no se puede entrar”.
Yo: “Hay una equivocación acá, una amiga argentina entró hace poco y no tenía ninguna visa”.

Mientras el oficial volvía a recitar la lista de países, en especial europeos, a mí ya me empezaban a temblar las piernitas y fue cuando me cayó el baldazo de agua helada. Estefanía tiene doble ciudadanía, argentina e italiana y nunca le pregunté con cual pasaporte entró a Irak. Bueno, claramente no había sido con el argentino y recién ahora reflexionaba esa triste verdad.
Insistí en pagar la visa ahí mismo y hasta bailarles un chamamé con tal que me dejen pasar, pero no, no hubo caso.

Situación: no puedo entrar a Irak. Tengo que volver a Turquía y salir del país en un día y medio que me queda de estadía legal por la frontera más cercana, en este caso la de Irán (para donde afortunadamente tengo visa), por 360kms de camino montañoso y calculado en 7hs aproximadamente.
Todo esto sin contar el tener que buscar y tomar un ómnibus a tiempo (no me puedo dar el lujo de hacer dedo hasta salir) en ciudades que no tengo ni idea y en las que el WiFi escasea tanto como extranjeros como yo. Para sumarle un poco más de dramatismo también está el tema de que no me quieran llevar, como me pasó tan pronto quise subir a un minibús rumbo a Sirnak, ciudad desde donde salen otros minibuses a la frontera iraní, mi añorado destino. El chofer me preguntó mil veces si mi pasaporte estaba en orden y lo controló más que en los checkpoints militares y a mis mochilas las palpó para ver si llevaba armas. Claro, soy una papa caliente que nadie quiere sostener; un extranjero que viene de Irak (aunque no haya cruzado) y con mochilas de tamaño, “levanta el avispero”, dirían en Córdoba.

En una huída a las apuradas...
En una huída a las apuradas…

Eso por un lado, pero por el otro está el tema de los verdaderos controles militares en ruta. En mi pasaporte tengo estampa de salida y entrada a Turquía en el mismo día, y ni más ni menos que en una de las fronteras más beligerante de los últimos tiempos. La imaginación de cualquier oficial puede crear todo tipo de historia en su mente al ver ese sello y hacerme bajar y perder el único posible bus a mi salvación. Me sentía como un fugitivo sin haber cometido ningún crimen.

Me senté en la parte de atrás del minibús y en cada control (cada 10kms a veces) me hacía el dormido o me encogía en el asiento para que el soldado de turno que se asome no me vea, una tarea para nada sencilla. Era el único que tenía una melena rubia y una barba anaranjada que hacían de imán para las miradas tanto de civiles kurdos como de soldados turcos. Lo temido llegó y antes de llegar a Sirnak me hicieron bajar con mis mochilas para perder aquel transporte. Pasaporte, preguntas y más preguntas. Pasé una hora sentado al costado del control y rodeado de soldados. Al rato el ambiente se calmó y hasta empezó un amanecer de sonrisas amistosas en cada uno que se me acercaba. Uno me quería dar su AK-47 para que dispare al aire mientras otro se sacaba “selfies” conmigo, un momento bizarro. Finalmente me subieron a un auto y me despacharon para Sirnak. Llegué tarde para cualquier bus que salga hacia la frontera iraní, a 300kms de camino montañoso y pegado a la frontera iraquí, un desafío importante, pero que se puede hacer en un solo día si es que no te hacen bajar y perder otro transporte público.

Momento de distensión luego de hacerme perder mi ómnibus.
Momento de distensión luego de hacerme perder mi ómnibus.

Camino buscando la salida de Sirnak para hacer dedo en las últimas horas de sol para ganar terreno. Dos guardias de una base me gritan del otro lado de la calle y me apuntan con sus automáticas. Levanto las manos y pensando que me estaban llamando, me acerco. Los gritos se volvieron aún mayores y sentí que el ruido del tráfico y del resto de la ciudad se enmudeció por un instante. El trato fue como si llevara una bomba en la mochila. Contra la pared y revisación, otra de tantas. Dos minutos después me dejaron ir. Con una sensación de ira que iba creciendo contra todo tipo de soldado turco, vuelvo a caminar sin saber dónde voy ni a donde me voy a esconder para acampar. Sin levantar el brazo se detiene un auto y sus miembros me invitan a subir. Son kurdos que van a hacer un asado en una parte verde en las afueras. Me sumo casi sin invitación y les explico con mezcla de catarsis mi complicado día. Dos de ellos hablaban buen inglés y eso me ayudó a sentirme entendido y apoyado.
Casi de noche y mientras esperamos la cocción del pollo y las verduras, escucho helicópteros acercarse. “Cobras”, me dice uno de mis inesperados anfitriones con desanimo. Reconozco sus figuras en especial por el pedazo de artillería que tienen en la trompa y veo pasar ambas máquinas letales sobre mí para verlas desaparecer por entre las montañas.

El asado kurdo con cobras volando al atardecer.
El asado kurdo con cobras volando al atardecer.

Esa noche fui alojado por uno de ellos, algo que agradecí y de lo que nunca me voy a olvidar. Estar solo en un lugar así envuelto en este tipo de situaciones te hace valorar toda sonrisa y ayuda como el más preciado regalo del cielo.
Al otro día pude tomar el bendito autobús, rogando que en los incontables controles no me lo hagan perder. Me seguí encogiendo en el asiente del fondo y me hice el dormido cada vez que veía las barricadas y tanques cruzados en el camino. Cada vez que pasaba invicto un control, mis compañeros kurdos de viaje me felicitaban y me regalaban sonrisas de hermandad que me hacían volver a respirar con normalidad. Las curvas fueron interminables y el paisaje montañoso de otro mundo. Pastores en vestimenta tradicional kurda cruzaban los caminos con sus ovejas y nómadas nos saludaban al pasar.

Sospecho que la vestimenta de nuestros gauchos tiene mucho que ver con la kurda.
Sospecho que la vestimenta de nuestros gauchos tiene, en parte, mucho que ver con la kurda.

Al final llegué a la frontera a tiempo y dejé Turquía al atardecer del último día de estadía, un logro titánico que fue el final de una seguidilla de eventos afortunados mezclado con algunos desafortunados y que me hicieron reflexionar muchísimo en como la vida nos enseña a aprender de nosotros mismo en determinadas situaciones inesperadas.
Gracias a entrar a Irán antes de tiempo me sume a una invitación que había descartado antes (cuando pensaba estar en Irak) para participar de una celebración kurda en la parte iraní que desea promover a Kurdistán al mundo, demostrando lo rica, genuina y altamente hospitalaria cultura de esta gente. Hotel, comida, y transporte incluido solo por ser extranjero. En definitiva, puedo decir que se dio lo que quería pero de otro modo, estar metido de lleno en la cultura kurda y aprender de ella. No fue en Irak, pero lo fue en Irán. Aunque tampoco me doy por vencido, voy a intentar entrar cruzar desde Irán.

Ah, el billete de 100 liras turcas (regalo de Hasan) fue el gasto exacto de transporte público que tuve hasta llegar a la frontera con Irán.

Espero que no haya sido tan largo y hayan disfrutado de algo que me encantó compartir, pero que me hizo sufrir un buen rato.
Gracias por pasar.

20 thoughts on “Un camino agridulce a Irak

  1. Sos muy valiente!!! Andar solo por esos sitios tan conflictivos, sobreponerte a que te apunten con esas armas, en lugares donde la vida no vale nada…!!!
    No seas cabezón, por alguna razón no debías entrar en Irak.
    Cuidate!!!

    1. Hola Roxana, gracias por pasar! La vida vale mucho acá, como en cualquier parte. Es verdad, hay zonas de conflicto pero en las que yo no entro. Hay mucho más que guerra y armas acá. Hay gente llena de amor y un nivel de hospitalidad que no veo en años. No sé si hace falta decirlo, pero me siento más seguro en Kurdistán que en muchas partes de Córdoba o Argentina.
      El color de estos lugares está ensombrecido por los políticos y en gran parte por los medios de comunicación, que sería la info que uno mama desde casa, no la real.
      Abrazo grande desde Irán y gracias por pasar.

  2. He seguido tu relato sin respirar! Mucha suerte. Nada pasa por casualidad. Estás conociendo maravillosas culturas, y sí, lo que decís de la vestimenta gaucha tiene un fundamento. Recuerdo que como trabajo práctico leyendo el Matin Fierro, un grupo de alumnos hizo una investigación respecto a la “bombacha” que usaba (y aún usa) el hombre de campo. y llegamos a concluir que es muy posible que ése sea su origen.

    1. Hola Estela! Sí, es muy parecida a la vestimenta kurda! Por alguna parte leí que hace tiempo hubo un éxodo de Medio Oriente a Argentina y alrededores. El intercambio fue, dejar la “bombacha” en casa y llevarse el mate para Medio Oriente.
      Abrazo fuerte desde Irán!

  3. Hola mi loco! Siempre que veo algo tuyo acá trato de leerlo, me acuerdo que la última vez que te vi en el cumple de juampi me dijiste que estabas por hacer un viaje largo e interesante, veo que no exagerabas en lo más mínimo!!! Jajaja, abrazo!

    1. Javi querido!! Que copado verte pasar por acá! Sí, jaja, es un viaje interesante con un poco de turbulencia en algunas partes.
      Gracias por la buena onda. Abrazo desde Irán!

  4. Benja,me encanta todo lo que escribis,voy viajando contigo,en este relato,me puse muy nerviosa pensando que estas en esos lugares ,en donde hay conflictos,guerrilla y no sabes que como puede reaccionar los lugareños ,pero es evidente que te acompaña una gran estrella que te salva de salir de posibles problemas,por favor,no me queda mas que decirte que te cuides,un beso grande

    1. Hola Gladys! Sí, son zonas con algunos conflictos, pero también con gente divina y siempre lista para ayudar.
      Abrazo grande desde Irán!

  5. Wow, absolutamente increíble la aventura! Me da mucha tranquilidad que al final todo terminó bien. Un aprendizaje interesante. Mil gracias por compartir tu expediente con tus palabras. Siempre me siento a tu lado en tus viajes.

  6. Benjamin que Dios te proteja en todos los lugares que visites y espero que en algún momento escribas un libro con tus relatos, te enviamos un abrazo grande desde Japón 😄😘🙏💕!!!!!!!

    1. Hola Graciela! Cómo están? Que alegría saber de ustedes! Sí, en algún momento me gustaría escribir un librito.
      Abrazo fuerte desde Irán.

  7. Chabon! Te estaba leyendo en el colectivo del laburo a casa y me pasé dos paradas! Menos mal que estás bien…Hacete un tatuaje de messi en la nalga y mostraselo a todos los soldaditos! Jaja Abrazo enorme hno.

  8. Mil bendiciones Para ti. Mi argentino favorito.. Sigo orando por ti me alegra tanto que logres tus sueños… Continua Soñando…. Ana Patricia

    1. Hola Patri querida! Gracias por tus bendiciones, no me vienen nada mal!
      Te mando un abrazo fuertísimo y que sigan los éxitos donde sea que estés.

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