Icaria, la isla donde la muerte se demora en llegar

Icaria, la isla donde la muerte se demora en llegar

Cuenta la leyenda que cuando Ícaro escapó del laberinto del Minotauro con alas hechas de pluma y pegadas con cera, éste voló tan alto que el sol derritió la cera, sus alas de deshicieron y cayó en el mar muy cerca de una isla. Y por aquel accidente es que hoy a esa isla se la llama Icaria.
Pero lo que hace a este lugar tan especial no es aquel suceso mitológico, sino la extraordinaria calidad de vida de sus habitantes y donde dicen que la muerte se demora en llegar. Por esa razón, decidí darme una vuelta para ver de cerca algo que parecía provenir de tiempos del Olimpo mismo, y así también dejar Grecia y cruzar a Turquía por entre las islas del Mar Egeo.

Con esta vista creo que también viviría unos años más
Con esta vista creo que yo también viviría unos años más

¿QUÉ ES UNA ZONA AZUL?
Icaria se encuentra, junto a Okinawa en Japón, Loma Linda en California, algunas partes de Costa Rica y ciertas aldeas de Cerdeña en Italia, en la lista de las llamadas zonas azules del mundo. Según un grupo de científicos, estas áreas se caracterizan por la prolongada edad de sus locales basadas en una vida simple y saludable. De alguna manera, estos oasis envidiables son como burbujas del tiempo y resistentes a muchos venenos de la globalización, y también donde se rompen las estadísticas oficiales sobre nuestra verdadera capacidad de vida –en las condiciones adecuadas.

Iglesia ortodoxa griega y vista al puerto de Agios Kirikos.

Llegué a la isla con la idea de conocer y hasta poder conversar con alguno de los ancianos longevos que pasan el siglo y hasta siguen lúcidos muchos años más, pero me contaron –entre risas– que cada vez que uno es entrevistado, fallece al poco tiempo. Más allá del chiste, sabía que muy pocos de ellos les gusta darse a conocer al público extranjero y por esa razón y por mi corta estadía  –sin contar que no atajo una en griego y sólo sé decir “hola”, “chau” y “gracias”– sabía que iba a tener que moverme rápido por su paisaje rocoso y seco, y por entre las empinadas aldeas y sus caminos serpenteantes.

Vicky, mi anfitriona en Agios Kirikos, capital de Icaria, me contaba que en tiempos cuando no había autos en la isla, las caminatas eran la única forma de moverse y una cruzada podía demorar horas o días. Lo que me pareció interesante es que todos sabían cuando la persona salía, pero nadie podía estimar la llegada porque las invitaciones al caminante por parte de los amigos o familiares en las diferentes aldeas eran prácticamente imposibles de negar. El concepto de llegar a tiempo, o andar a las corridas, es tan escaso como la obesidad en este lugar, dejando al estrés totalmente afuera del vocabulario icariano.

Agios Kirikos.
Agios Kirikos.

Con las agujas del reloj en contra y en mi búsqueda de encontrar a alguien que esté cerca o haya pasado el centenario en vida y que me pueda contar un poco de su secreta longevidad, decidí irme a dedo hasta la aldea Evdilos, al norte de la isla y a unos 40kms de Agios Kirikos. A mitad de camino me levantó Ianis, un local quien luego de contarme sus años como marino mercante por el Mar Argentino y el Río Paraná, me terminó invitando a su casa a tomar un café, al cual acepté casi ignorando mi misión del día a unos 10kms más adelante. No lo hice en ese instante, pero si al rato, mientras veía al café burbujear en el jarro y bajo una ventana que daba a un atardecer marino alucinante. El encuentro con Ianis y su invitación me hizo reflexionar sobre la historia de Vicky y me hizo sentir por un rato parte del ritmo de vida icariano, porque a pesar del apuro de tener que dejar la isla en breve –el ferri pasa sólo dos veces por semana en invierno-, decidí dejar fluir las cosas y no negarme a aquella taza caliente y la calidez de este hombre que terminó siendo aquella entrevista que había ido a buscar. Ianis no llega a los 90, pero me compartió algunos secretos que no son tan secretos y que ayudan a alargar la vida.

Esperando el café con Ianis.
Esperando el café con Ianis.

LA FÓRMULA DE LA LONGEVIDAD ICARIANA
Algunos piensan que es el ADN y otros dicen que viven mucho porque son vagos. Pero la realidad es que desde hace siglos, los icarianos basan sus vidas alrededor de una rutina de trabajo arduo en su huertas, pero no pesado, ejercicio físico al caminar largas distancias –en especial por el relieve montañoso que tiene la isla–, el aire puro que trae el mar, el consumo de alimentos propios, mínimo consumo de carne, té de hierbas nativas y dosis generosas de vino casero y orgánico, el cual siempre se consume durante la comida y nunca solo.
El desayuno icariano suele ser un té de hierbas y pan con miel y tahini –pasta untable hecha con semillas de sésamo. Algunos agregan aceitunas a la mesa y algo de queso. El almuerzo es ensalada de lo que se tenga y alguna sopa de legumbres. En invierno es buena idea aumentar las dosis de aceite de oliva, al que yo le vengo pegando con fuerza.

"Una de las claves es nunca dejar de estar activo", me dijeron.
“Una de las claves es nunca dejar de estar activo”, escuché.

Pero aparte de consumir alimentos caseros y naturales, y entrarle al vino sin miedo, también está el factor social fuertemente vinculado con su “inmortalidad” isleña. Acá el trabajo es tan importante como el ocio, y es por eso que las reuniones entre amigos y festejos nunca faltan en Icaria. Las sonrisas y un espíritu positivo es otro factor fundamental de esta gente, algo que tendría que ser evidente en cualquier otra parte del mundo, ¿no? Las familias poseen vínculos inquebrantables que a su vez se refleja en otras familias, creando una comunidad tan firme y maciza como las murallas que alguna vez levantaron para rechazar invasiones piratas. Los ancianos acompañan y viven con su sangre hasta el final de los días, eclipsando el negocio de los geriátricos en la isla.
También dicen que el comunismo empujó esta identidad de unión un poco más, cuando jóvenes griegos que apoyaban las ideas de Marx en aquel entonces, fueron enviados a Icaria como prisioneros políticos donde plantaron valores y no doctrinas.

En mi breve estadía de cuatro noches tuve la suerte de pasar año nuevo y vivenciar cómo se celebra esta unión. Los festejos se basan en uno o más grupos de personas por aldea y que, con instrumentos musicales como el bouzouki  –similar a la bandolina–, van visitando casa por casa y cantando y tocando para sus anfitriones y vecinos. Los hogares tienen las puertas abiertas y en su interior esperan mesas repletas de comida y vino casero que cada familia acaba de elaborar. Este tipo de festejo es prácticamente desconocido en el resto de las islas del Mar Egeo y hasta en todo Grecia.

Celebrando año nuevo icariano.
Celebrando año nuevo con icarianos.

LA ISLA QUE DESPIERTA DE NOCHE
“Los icarianos son vagos y se despiertan tarde, por eso viven tanto”, se burlan los griegos a los que les compartí mi destino. Pero en la isla me enteré que la gente se despierta temprano para ir a trabajar a los campos y volver por la tarde a sus hogares para bañarse e ir al centro de la aldea a abrir sus negocios, los que cumplen un rol secundario en sus vidas. A pesar que esta costumbre va cambiando, ya sea por las consignas que impone el turismo, o por la nueva generación que viene prefiriendo el canasto del supermercado que la pala, todavía hay algunos que no dejan ir esta tradición. Uno de los ejemplos más conocidos es una panadería en Evdilos que abre al público a las 12 del mediodía.
A la mañana no se ve mucha gente, pero es a la tarde noche cuando las calles se llenan de vida. Por eso a Icaria también se la conoce como “la isla que despierta de noche”.

Las calles silenciosas a la mañana y llenas de vida a la tarde y noche.
Las calles silenciosas a la mañana y llenas de vida después.

SIN PACIENTES NO HAY FISIOTERAPEUTAS
En mi último día mientras hacía dedo camino a tomar el ferri fui recogido por un muchacho local de una pequeña aldea cerca de la piedra donde se dice que Ícaro aterrizó con la frente.
Casi interrumpiendo su declaración sobre su profesión como fisioterapeuta en Atenas, le pregunté –o interrogué– por qué no lo hacía en Icaria en lugar de la bulliciosa y menos saludable ciudad. “Aquí  no hay trabajo de lo mío porque las personas casi no se enferman, ni les hace falta tanta rehabilitación muscular o de huesos. La gente camina estas subidas todos los días”, me decía mientras su autito se quejaba al escalar el empinado asfalto. Su abuela vivió 104 años.

No vi a nadie caminar con bastón.
No vi a nadie caminar con bastón.

Me bajé y cerré su puerta fascinado por esas última palabras. Las que de alguna manera terminaron de satisfacer mi búsqueda de comentarios de su gente en cuanto a esta vida tan peculiar que resuena en el mundo como algo milagroso e increíble, pero que cuando se lo ve de cerca pierde esas calificaciones de manera positiva y pasa a ser algo ya no tan ajeno. Aunque no queramos vivir 110 años o más, esto nos enseña de todos modos que la vida es mucho más simple de lo que pensamos, con menos corridas, con más sonrisas y positivismo, y que a pesar que no todos tenemos la oportunidad de vivir de la tierra como fuente principal de subsistencia –o quizá tenemos miedo de arriesgarnos de “salir” un poquito del sistema–, todo está ahí afuera, la naturaleza espera. Ya empiezo a sonar como un hippie predicador de la lechuga que quiere vivir 120 años.
En definitiva, lo que aprendí en Icaria no fue algo que viene de una civilización antigua o algo extraordinario que nunca se nos contó. Son conocimientos básicos que todos sabemos muy bien y que siempre estuvieron con nosotros.
Me voy a plantar un tomate.

Gracias por pasar y… ¡salud por la salud!

En el lugar donde el agua termal se encuentra con la salada. Otra ayuda para burlar a la muerte.
En el lugar donde el agua termal se encuentra con la salada. Otra ayuda para burlar a la muerte.

6 thoughts on “Icaria, la isla donde la muerte se demora en llegar

  1. Desde hace tiempo sostengo, que la calidad de vida , viene de la mano del lugar donde se vive: cuánto más en contacto con la naturaleza y lo “primitivo “ mejor calidad de vida , la que repercute en todos los aspectos de nursteas vidas.
    El primo de mi madre, vive en una pequeña aldea de Galicia, con 90 y tantos , camina todos los días por el ondulante terreno.
    En Europa se ve más ésto,creo que es America la que no puede pensar en funcionar sin un auto.

    1. Hola Roxana, gracias por pasar y si, tal cual, yo también pienso que más cerca de lo natural, mejor. Pero al mismo tiempo no creo que sea una cuestión de continentes, sino de decisión propia. Lamentablemente puedo decir que el mismo ritmo de vida contrario al de Icaria o en esa aldea de Galicia lo he visto en América, Asia, Oceanía y también en Europa. Sin embargo, también puedo decir que en esos mismos continentes hay personas que cada vez son más conscientes de esto e intentan volver a lo simple y natural.
      Te agradezco mucho tu visita y te mando un gran saludo desde Turquía.

  2. Gracias Benja por compartir todas estas experiencias! Me estoy devorando uno a uno tus posteos, me llenan de energía vital y me transportan en tu hermosa manera de contarlas! Besos!!

    1. Hola Anita! Que lindo que te gusten, me alegro muchísimo! Estos feedbacks son inyecciones motivacionales, por lo tanto, creo que acá sucede una simbiosis 🙂
      Te abrazo fuerte desde Georgia!

  3. Gracias Benjamin, muy interesante. Estoy en Tbilisi ahora mismo por una boda. Luego de leerte decidimos quedarnos unos días para explorar el país. Mañana vamos a Sighnaghi.

    1. Hola Vera! Que lindo que les haya servido lo que escribí. Georgia es hermosa y tiene tanto para visitar.
      A disfrutar!

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