Alforjas por mochilas en Dinamarca

Alforjas por mochilas en Dinamarca

En el invierno del 2015 conocí a una pareja de europeos que iban en bicicleta desde Holanda y con destino a Nepal. El encuentro fue en Ulanbator, capital de Mongolia, donde todos nos recuperábamos del cruce gélido por el gran desierto del Gobi, ellos pedaleando de oeste a este, y Ari y yo a dedo de sur a norte. Siempre admiré a los viajeros en bicicleta. Abrir un mapa y darte cuenta que cruzaste tantas fronteras sólo con tus piernas me parece fascinante como económico y ecológico. Y a diferencia de hacer dedo, el pedalear te da mucha más libertad para personalizar tu periplo que con el pulgar, aunque a veces sacrificando un poco más de tiempo.
Aquel breve contacto con esos chicos creó inspiración y esa inspiración se hizo idea. Y pocos meses después, esa idea se materializó en Dinamarca.

Copenhague, junto con Ámsterdam, son las dos mecas de la bicicleta del mundo, probablemente. Alguien me dijo que en la capital danesa hay cuatro bicis por habitante. Hay tantas, que a veces es difícil distinguir donde está el negocio del bicicletero por la cantidad que hay estacionadas en la vereda una al lado de otra y por cuadras enteras. Como las hay nuevas, las hay viejas, rotas y abandonadas. Así que, si van por ahí caminando (o pedaleando) y ven una que le falta la cadena, una rueda, tiene signos de abandono y de no haber sido movida en mucho tiempo, y ni siquiera tiene candado, pues, yo creo que hay que darle un hogar y darse maña para ponerla a punto. Con ese comienzo nos fuimos armando de a poco. Luego vino el regalo de John, nuestro gran amigo danés quien luego se nos sumó: dos alforjas, más el préstamo de otras dos, un tráiler, cascos, mapas y hasta equipo para cocinar ultra liviano. El tráiler nos cayó de arriba, sino, no recomiendo viajar llevarlo ni a la esquina; se puede cometer el error de cargarlo más de lo necesario, es incómodo para maniobrar, pesado en subidas como tren a pedal y pechador traicionero en bajadas. Pero como alguna vez dijo aquel gaucho cordobé´: a cabaio regalau (o prestau), no se le ven lo´diente´.

Como buen danés ultra precavido, John es un amante de las medidas de seguridad y nos enchufó esos chalecos reflectivos, innecesarios en la extremadamente segura Dinamarca.
Como buen danés ultra precavido, John es un amante de las medidas de seguridad y nos enchufó esos chalecos reflectivos, innecesarios en la extremadamente segura Dinamarca.

Bueno, creo que puedo decir que el paisaje de Dinamarca es más aburrido que chupar un clavo. Son plantaciones de trigo, tres árboles, alguna runa vikinga perdida por ahí (y yo que esperaba ver miles y tener que hasta esquivarlas con la bici), playas con agua helada y un par de plantaciones de trigo más. Ah, y es plano como una mesa, de lo que quizá no me tendría que quejar tanto por haber llevado aquel tráiler. Tampoco voy a tirar abajo a un país por eso. Las aldeas que uno cruza con sus casas centenarias de techo de paja y deco minimalista, jardines impecables y bien orquestados son buenos puntos para apreciar la armonía que esta gente tiene y el tiempo que le dedican a sus hogares rurales.

La arquitectura y la decoración es lo que se llevan los aplausos.
La arquitectura y la decoración son lo que se llevan los aplausos.

Los senderos están bien señalizados y prácticamente hay que ser un sinvergüenza para perderse. Creo que debe haber más infraestructura para bicicletas que para autos. No hay rincón en el país donde no lleguen las ciclo vías y son mínimas las ocasiones que uno se encuentra con el tráfico motorizado.

El paisaje rural danés.
El paisaje rural danés. Esta fue la vista en un 80%.

COMIDA GRATIS
Teníamos todo el equipo de transporte y de camping a nuestra disposición, y casi sin gastar nada, pero nos faltaba el factor alimenticio. Y si queríamos seguir en con esa estrategia de billetera frágil íbamos a tener que pensarla ya que Dinamarca no es muy compatible con precios mochileros. Pero si hay algo que me gusta de las zonas urbanas son las oportunidades que a uno se le presentan. Dumster diving fue la solución. La práctica de abrir containers de supermercados para servirnos de muy buena comida (muchas veces orgánica e inalcanzable para nuestro bolsillo) se perfeccionó durante los ocho meses de nuestra estadía total en Escandinavia. Durante este viaje y también cuando estábamos asentados en Copenhague, mi bicicleta siempre estaba equipada con un canasto vacío para esta función y cada vez que los víveres se nos acababan era señal de desviarse de la ruta y entrar al siguiente pueblo para visitar el fondo de los supermercados. Y sobre dos ruedas no se siente tanto el peso, especial para llevarse unos tomates de más. No voy a entrar en detalles sobre el tema, pero que se puede, se puede. Me imagino a mi mamá agarrándose la cabeza en este momento. Más info acá:
www.trashwiki.org
Otra opción era ir a los mercados de verduras antes que cierren y preguntar si tienen algo para tirar. Y como se sabe, los estándares de calidad en los países nórdicos y la amabilidad de su gente pican bien alto, por lo que ese día probablemente uno puedo acumular comida de buena calidad y como para una semana entre las dos prácticas.

Un día exitoso.
Un día exitoso.

Y ENTRE MEDIO, UNA CASA SIN DUEÑOS POR UNA SEMANA (HOUSESITTING)
No, no fuimos ocupas. Entramos legalmente y con consentimiento de sus dueños a través de una de las tantas páginas de internet donde éstos buscan desconocidos para que les cuiden la casa, o mejor dicho, que les cuiden a sus mascotas mientras ellos están ausentes. A cambio hay toda una casa para nosotros por una semana, para relajar y seguir planeando el viaje. Primera experiencia de este tipo y muy exitosa, salvo por los dos gatitos que, por darles un poco de libertad, desaparecieron casi todo el día en el bosque de atrás de la casa y nos hicieron pasar un muy mal momento. Al final de la experiencia no hubo que lamentarse ningún accidente ni reemplazos por perdidas.
Más info sobre housesitting acá, explicado por los chicos de mochileando por el mundo.

De dormir en la intemperie a este pedazo de casa.
De dormir en la intemperie a este pedazo de casa y para nosotros solos.

 

Odín y Thor de atrás, en el momento que decidieron volver.
Odín, y Thor de atrás en el momento que decidieron volver.

Y UN ENCUENTRO MUY CERCANO CON EL 2do ANIMAL MÁS PELIGROSO DE DINAMARCA
A pesar que hay refugios para ciclistas o para cualquier otro viajero por todo Dinamarca, cada tanto se termina revoleando la carpa en cualquier parte. Al hacer esto uno corre el riesgo de sumar sin invitación a un tipo de compañía que termina siendo muy íntima y dicen que puede llegar a ser bastante peligrosa. Garrapatas. Acá son preocupación en el verano y nuestro amigo John nos traumó con historias de personas que por arrancarlas mal, terminaron con parálisis facial y algunos casos que rozaron lo letal por la infección.
Y el día llegó. Por la acampada salvaje que veníamos haciendo ya parecía que las estábamos buscando. A pesar que siempre nos revisábamos las piernas, parece que hubo una que la hizo muy bien y la encontré recién al otro día. Mi manera de sacarla me demostró que nunca voy a poder ser cirujano y lo peor es que estábamos en el medio del país, en plena zona rural y la inflamación ya daba de qué hablar. Nunca pedalee tan rápido para llegar a la casa del único amigo que planeábamos visitar en todo el viaje (todo pasa por algo). Mientras su mamá me ponía alcohol medicinal con un algodón sin prestarle mucha atención, yo ya me imaginaba sin una pierna al otro día. Me picaron todos los mosquitos de Sudeste Asiático, estuve a metros de varios dragones de Komodo, me salvé de no chocar a ningún canguro en Australia y las sanguijuelas de Asia tropical engordaron gracias a mi sangre, pero heme aquí, maldiciendo las historias de terror del paranoico John. Por suerte, todo terminó al otro día cuando desperté y ya no había rastros ni de picadura. Me pasó cerca.
Ni idea cual será el primero, pero puedo decir que sobreviví al segundo animal más peligroso de Dinamarca. No me para nadie.

En la playa creo que no pasa nada.
En la playa creo que no pasa nada.

La experiencia de pedalear todos los días, disfrutar del silencio al moverse, cada bocado de comida que devuelve fuerzas para seguir pisando el pedal, terminar los días felizmente fulminado, y la independencia de ir a donde una quiera, a tu propio tiempo, bajando la panza cervecera y sin contaminar fue alucinante. El día que me canse de moverme con el pulgar, seguramente agarraré una bicicleta otra vez. Vamos a ver a quién le toca prestarme algunos accesorios, jaja, y una bici también.

Los perfectos refugios daneses. Todo el confort.
Los perfectos refugios daneses. Todo el confort para el ciclista.

Fue un mes bien despacito y a una velocidad espesa para hacer 754 kms desde Copenhague, pasando por Lloland, la isla Langeland, Fyn y finalmente Jutland. Hubo ataque de garrapata, una rueda pinchada dos veces en 10 minutos, housesitting, comida gratis y una rotura de carpa que nos obligó a interrumpir el viaje y volver vergonzosamente en tren. Alguna cosas fueron geniales y otras no tanto, pero más allá de eso, creo que lo más destacable fue el hecho de habernos animado (aunque tampoco fue la hazaña mundialista) a probar y lograr algo tan ajeno como fue hacer un viaje en bicicleta y con el valor agregado de no gastar casi una moneda.

Reflexión: hay que escuchar más seguido a esos momentos de inspiración que uno tiene, o que a veces otros nos reflejan, y darles el lugar necesario para que creen esa idea y una nueva realidad de algo que nunca pensamos ser capaces de hacer.

¡Gracias por pasar y espero que les haya gustado!

2 thoughts on “Alforjas por mochilas en Dinamarca

  1. Como siempre escribes delicioso y me pone muy nostálgica recordar aquél viaje sobre ruedas. Fue una gran hazaña para mí también considerando el problema de la rodilla mía. Te quiero agradecer por ser mi compañero de viaje, especialmente en ese de Dinamarca, y por todo lo que me sigues enseñando e inspirando. Te quiero con todo el alma Benja!

    1. Gracias querida Ari. Yo también me enorgullezco de haber tenido a semejante bestia viajera como vos a mi lado. Te quiero mucho.

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