Montenegro y una historia de parques nacionales

Montenegro y una historia de parques nacionales

Montenegro, el hermano menor de la ex Yugoslavia y último miembro en independizarse de ella está empezando a asomarse de la sombra serbia y del eclipse turístico regional croata. Montenegro o Crna Gora, como se lo conoce en su idioma, tiene una playa con menos turismo y mejores precios que Croacia, la cual vale la pena visitar a pesar de no ser tan extensa y desarrollada como la de su vecino, pero creo que si hay algo por lo que Montenegro vale la pena es por su centro y norte montañoso, lo que de alguna manera marcó la identidad y hasta el nombre de la nación.
Por cuestiones climáticas de un otoño que ya no me dejaba acampar tan calentito y me venía congelando las puntitas de los pies tuve que apurar mi visita por Montenegro y darle gas al pulgar. Sin embargo, logré visitar dos parques nacionales que me volvieron loco y que para mí son una fija en toda visita al país. Acá te cuento un poco de mi experiencia.

PARQUE NACIONAL BIOGRADSKA GORA

Biogradska Gora al amanecer.
Biogradska Gora al amanecer.

El último auto que me dejó en la ruta y entrada al parque lo hizo cerca de las 3pm, bastante tarde para explorarlo tranquilo con el peso de las mochilas y casi obligándome a buscar un lugar para acampar en el bosque, pero no tan lejos de la civilización ya que los lobos y osos abundan más que en los cuentos. A los pocos metros de seguir caminando en ese camino empinado interminable sin ver ninguna señal de información turística, se me ocurrió estirar el brazo con el pulgar hacia arriba. De los 4 autos que pasaron en 20 min, el último decidió parar. Su conductor no hablaba inglés, sólo serbio y francés. No sé bien como entendió mis intenciones de acampar sin pagar con mi ensalada deprimente de idiomas junto a movimientos artísticos de manos y gesticulaciones faciales que asustaría a más de uno, pero lo hizo. Al final me dijo que abajo se paga y arriba no. No entendí bien su explicación y tampoco sabía adonde me llevaba, pero como no tenía un plan, dejé que todo se acomode solo y me acomodé en el asiento para disfrutar del paisaje.

Pasamos un estacionamiento en el medio de un bosque con árboles altísimos y lleno de turistas. Pensé que íbamos a parar para que yo pague, pero mi amigo no sólo no soltó el acelerador, sino que lo pisó aún más fuerte para agarrar un camino que más que secundario parecía terciario, candidato a filtro hasta para los más picantes del Rally Dakar. Siete kilómetros a los saltos y cuesta arriba por entre un bosque cada vez más denso. De repente llegamos a un espacio abierto, como a un valle, cubierto por pastizales y rodeado por montes rocosos con arbustos que ya acusan la llegada del otoño al teñirse de color anaranjado.
En verano esta zona es hogar de ovejas, pastores, perros pastores gigantes y lobos. Ahora es septiembre y no queda nada de todo eso, salvo por los lobos, supongo. Todos ya están en tierras bajas y cálidas.

Refugio de pastores abandonado.
Refugio de pastores abandonado.

Mi chofer resultó ser el dueño de un restaurante familiar y un complejo de refugios en el mejor punto de todo el parque nacional, llamado camp Janketic. Si eso no es tener suerte (o algo más), entonces no sabría que decirles. Mientras la masa de visitantes se congrega abajo cerca del lago, el que se piensa es la mayor atracción del parque, muy pocos descubren esta perla a 7km cuesta arriba, a la que llegué por “dejarme llevar”. Dejé las mochilas y lo primero que pregunté con voz casi temblorosa fue el precio para acampar, el que pensé que sería carnicero. Pero no, poner la carpa de uno cuesta cero euros, tal cual como me dijo mi chofer  y confirmado por su hija, quien me comentó que en el lago cuesta 5 euros y sin la vista suprema que hay acá arriba. Pensé que no podía ser más feliz después de esa noticia, hasta que me dijeron que podía tirar mi bolsa de dormir al lado de la estufa a leña dentro de la cabaña central porque afuera se pone muy ventoso y frío para acampar. Me sentía iluminado en un día nublado, helado y lluvioso.
La comida es un poco más cara, como uno se lo imaginaría, pero tampoco es tanta la diferencia. Una cerveza cuesta 1.50 euro, mientras que en cualquier bar en la civilización sale 1 euro.
Las cabañitas miniatura cuestan 15 euros por día con desayuno incluido. Yo pasé esa parte y me alimenté de las manzanas y masitas de panadería que me regaló un conductor un día antes, aunque en un momento me tenté con un plato de queso de oveja local y pan casero que estuvo increíble.
Esa noche junto a la estufa a leña, con un poco de sudor seco de una caminata por la zona, con lluvia y viento afuera, más el olorcito de la comida casera y la vista de las montañas, me hizo recordar la visita al Himalaya nepalí unos años antes.

Camp Janketic y sus cuchas para humanos.
Camp Janketic y sus cuchas para humanos.

Amanecí con -2 grados y huí cuesta abajo, ya el frío otoñal me estaba preocupando y a mis ropajes de verano y bolsa de dormir ya se les estaban acabando los poderes. Me esperaban casi 14km hasta la ruta en un camino empedrado y solitario. Pero como tengo un poco de suerte, un auto que justo bajaba me dejó a mitad de camino, justo en la parte donde se paga. Sólo había dos autos en aquel valle de allá arriba, el que subía con suministros y me llevó a la ida, y ahora éste que justo bajaba cuando yo también lo hacía, milagroso. Sigo pateando cuesta abajo con mis 17kg en las mochilas cuando para un autito a mi izquierda. Diana, irlandesa y Boja, español se ofrecen llevarme hasta la ruta, pero la sorpresa fue que ellos también iban a donde yo me dirigía, al parque nacional Durmitor, la vedette de Montenegro. ¿Suerte? Yo diría que algo más.

PARQUE NACIONAL DURMITOR

Después de hacer casi 90kms llegamos a Zabljak, el pueblo desde donde se arrancan las caminatas al parque. Ahí mismo, estos chicos me pasaron info sobre un refugio casi en el medio del parque a unos 2000 mts de altura donde parecía ser lindo para pasar la noche. A todo esto, yo no tenía idea dónde ir, qué sendero tomar y menos dónde pasar la noche, como siempre. Ya hacía más frío que antes y apuré en comprar algo de comida, convencer a un restaurant para que me cuiden una de las mochilas con lo que no necesitaría en la montaña y allá fuí, en aquel día nublado y frío que no motivaba ni para dar una vuelta por el centro.

A una hora de subida bien empinada me encuentro a la irlandesa y al español justo donde había un desvío del sendero, al que le estaba pifiando feo y que si no hubiera sido por estos chicos, todavía estaría dando vueltas por el bosque. Eramos las únicas tres personas yendo al corazón del parque. Ellos con GPS, libro del parque, mapas de todos los tamaños, luz a energía solar, equipo para cocinar y la mejor ropa y equipamiento. Yo sin mapa, con una foto borrosa de los senderos y con dos paquetes de galletas y una banana. El frío se adelantó y me agarró con ropa de verano y unas zapatillas para ir al shopping, desprolijidad total.
Fueron tres horas en total hasta llegar al refugio. Pasamos por bosques y también por pastizales en espacios abiertos que eran rodeados por montañas rocosas con unas vistas impresionantes.

Los que me levantaron a casi 100kms de distancia son los mismos y únicos que se adentran al parque conmigo. Me pareció algo fuerte.
Los que me levantaron a casi 100kms de distancia son los mismos y únicos que se adentran al parque conmigo. Me pareció algo fuerte.

A pesar de tener un techo sobre mí y paredes de madera alrededor, me congelé esa noche. No dormí absolutamente nada por el frío, en especial en los pies, a los que de a ratos no los sentía. El viento parecía que nos llevaría con refugio y todo, y en el medio de la noche empezamos a escuchar aullidos que me hicieron volar la imaginación y delirar en cómo sería nuestro trágico final en la montaña. Por suerte a uno de los caninos se le ocurrió ladrar y así descartarse como lobo para pasar a ser uno de los perros de algún pastor, supuse. Al rato estaban junto al refugio rasguñando la frágil puerta de madera, la que se abría sola si la mirabas fuerte. Al minuto, a la irlandesa le agarró un ataque de solidaridad y quiso dejarlos pasar para que duerman  adentro, pero cuando salimos ya no estaban y ni se los escuchaba. Ese fue el momento misterioso de la noche.

El refugio y tres humanos helados, pero felices.
El refugio y tres humanos helados, pero felices.

Al otro día estaba más roto que mi presupuesto y decidí dejar atrás a mis compañeros de cuarto, los que me prepararon un café y un desayuno caliente que fue un lujo allá arriba.
El refugio está señalizado como “Katun Lokvice” en los mapas y hay algo para tener en cuenta, es el único punto de todo el parque nacional donde hay una fuente de agua fiable todo el año, la cual es una vertiente que sale entre unas piedras y a unos metros abajo del refugio. La cual no fue tan fácil de encontrar. Desde este lugar se puede hacer base para caminatas de un día a los distintos miradores y picos de la zona. El más famoso es “Bobotv Kuk”, a 2523 mts. También se puede volver al “lago negro”, desde donde empiezan los senderos, vía “Ledena Pecina”, conocida como la cueva de hielo. Para ese lado agarré yo.

Ahora a remarla solo.
Ahora a remarla solo.

Lo que no sabía es que la poca elevación que esperaba me haría encontrar con nieve y hielo, totalmente inesperado. Piedras cubiertas de hielo, superficies empinadas, viento, con 10 kg en mis hombros y usando zapatillas para ciudad se combinaban en un panorama desalentador para la bajada que me esperaba después de visitar la cueva de hielo.
Al final, la cueva era grande pero no de hielo, sólo algunas estalactitas y estalagmitas de hielo (tuve que buscar el diccionario para esas dos palabras).

A falta de mapa, como en mi caso, entonces mejor saber leer cirílico, por las dudas.
A falta de mapa, como en mi caso, entonces mejor saber leer cirílico, por las dudas.

Terminé bajando por cuatro horas con los pies húmedos y helados, las rodillas para el cambio y con los mocos que me colgaban hasta el pecho. A penas llegué abajo, busqué la mochila faltante y sin siquiera parar, me fui a hacer dedo tratando de avanzar la máxima distancia posible para escapar un poco del frío de tierras altas y camino a la frontera próxima de mi siguiente destino: ¡Bosnia y Herzegovina!

Gracias por pasar.

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