Kanun, el código de la hospitalidad

Kanun, el código de la hospitalidad

Después de un tiempo de mochilear por el mundo, supongo que a uno le empiezan a nacer intereses dentro del arte de viajar. En mi caso, mi interés se centra en conocer y experimentar la hospitalidad local, enriquecerse por ese intercambio de experiencias, emociones y evolucionar un poco más como persona. Estos sucesos me inspiran para luego poder compartirlos al divulgar la solidaridad y servicio al viajero que sucede en todo el planeta, y así entender que hay mucho más que un mundo lleno de peligros y miedos.
En mi breve visita por Albania me di cuenta que la hospitalidad de su gente es algo que va más allá de la amabilidad tácita que me encontré en otras naciones.

Se dice que en la Edad de Bronce, se creó el kanun, una serie de artículos que describían cómo el comportamiento de la población debía ser, centrándose en cuatro pilares: el honor, la hospitalidad, la buena conducta y la lealtad.
El kanun más antiguo es el de Lekë Dukagjini, el cual se transmitía de manera oral al principio y que luego fue plasmado al escrito por el siglo 19, inmortalizando esta especie de constitución para todo el pueblo albano sobre el vivir diario, cubriendo temas como el trabajo, casamientos, nacimiento y hasta la muerte.

Berat, pueblo de unos 2400 años.

De todos modos, lo que más me interesa de esto es que se haya creado un código de comportamiento para la hospitalidad del local al visitante, incluyendo puntos en cómo se debe agasajar al recién llegado, como por ejemplo, con énfasis en brindar una importante cantidad de comida, bebida y confort durante la estadía.
De alguna manera, fui testigo del gran servicio hospitalario y de ayuda de los albanos al viajar por su país a dedo. No hubo abundancia de comida ni bebida, pero con casi un año viajando por toda Europa, nunca había sido tan fácil y rápido que los autos paren para ayudarme. Casi nunca esperé más de 10 o 15 minutos para encontrar a mi conductor temporal, de los que la mayoría vienen con una invitación de café y hasta un plato de comida. Y creo que si hubiera sacado a la luz la posibilidad de pernoctar en su hogar, siento que la respuesta hubiera sido positiva.

Fredi casi deja la marca de frenada en la calle cuando me vio. Me invitó a comer, pero tuve que seguir. Al final me llenó de recomendaciones de cómo llegar a destino.
Fredi casi deja la marca de frenada en la calle cuando me vio. Me invitó a comer, pero tuve que seguir. Al final me llenó de recomendaciones de cómo llegar a destino.

No sé si hoy la gente se comporta así por los recuerdos que quedaron del kanun, o es simplemente la manera de ser de estas personas que viven en un país con condiciones no tan alentadoras pero que dejan expuesta la sencillez de su gente. La pobreza, el desorden y la corrupción sacuden a Albania, una tierra que me recuerda a India por esas condiciones y también por la solidaridad, curiosidad, simpatía e incondicional ayuda al viajero. Albania me recordó la simpatía que siento por, India, o el subcontinente asiático. No quiero generalizar, pero a veces siento que a menos recursos, mayor humanidad.

Los caminos secundarios albanos.

Mientras que en el sur del país mis conversaciones con la gente se dificultaba porque no atajaba ninguna de las dos lenguas que más se usa: albano ni griego, al norte, la cosa mejoró un poco con el italiano, idioma que llegó de la mano de la TV italiana. Siendo positiva o no esa manera de aprender, me ayudó una barbaridad para entablar charlas que terminaron en temas como el kanun. Me contaron que esto también tiene su lado oscuro, en una conducta similar a la Vendetta italiana. Si uno de los artículos de estas leyes era roto, se venían las consecuencias sangrientas, por ejemplo, si un huésped era asesinado durante su estadía con una familia albana, el jefe de esta familia tenía el deber de vengar la muerte del visitante al matar al culpable. El problema es que la riña nunca terminaba ahí, creando una bola de nieve que llegó a aniquilar familias enteras y matanzas que duraron generaciones.

La influencia turca del Imperio Otomano se acentúa en el sur de Albania.
La influencia turca del Imperio Otomano se acentúa en el sur de Albania.

Sacando esta parte pesada, me quedo con el recuerdo de la gran hospitalidad albana durante mi breve estadía por esta tierra poco nombrada y hasta con mala reputación por su mafia e inseguridad, con lo que nunca tuve problemas.
Es un destino totalmente recomendado, y no sólo por su gente y su belleza natural, sino también por lo barato que llega a ser, convirtiendo a Albania en el destino más accesible de Europa, o por lo menos en está en el top 5 de los más baratos.

Una vez más, gracias por pasar y acompañarme en esta aventura por el mundo.

En la fortaleza de Gjirokaster.
En la fortaleza de Gjirokaster, con esa torre que parece que se me cae encima.

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