A dedo naútico por el Mar Adriático

A dedo naútico por el Mar Adriático

“Cuando los caminos se terminan, se abren los mares”, leí en alguna parte. Es verano y temporada alta en la costa croata, lo que conlleva a incrementar el tránsito náutico por entre más de mil islas que conforman esta parte de Croacia. Por esa razón y además porque algún día me gustaría cruzar el Océano Pacífico sin pagar, se me ocurrió intentar hacer “dedo náutico” por primera vez. No creo que haya un término puntual para esta manera de moverse gratuitamente por los mares, pero sería algo como un “bote stop” (de autostop). De todos modos, no es simplemente viajar gratis en un velero, tomar sol y saltar con los delfines, no. Para convertirse en parte de la tripulación hay que dar algo a cambio, y por eso ser voluntario es la que va.

Durante mi experiencia en una isla del norte del Mar Adriático, tuve que esperar 5 días para que salga, yendo a la mañana y al atardecer al puerto, momentos cuando hay más actividad en los veleros ya sea porque sus miembros están empezando el día o porque lo están terminando. Ambas son ocasiones perfectas para presentarse con la cara más simpática que pueda salir y convencerlos de la manera más rápida y eficaz de lo que se quiere. Mi discurso es preguntar si les hace falta un voluntario para cualquier tipo de tarea, a cambio de un viaje de un día (aunque sea) a cualquier destino cercano, haciendo énfasis en mi interés en aprender a navegar, algo que suma mucho.

Marinas, donde todo comienza

No siempre hace falta tener experiencia, como me pasó, y muchas veces creo que se trata de cómo uno se presenta, más que la cantidad de nudos que se sepa hacer y la trayectoria que se tenga como “skipper”, o ayudante del capitán. Es más, muchas veces se recluta a voluntarios que no tengan experiencia en absoluto, así se los puede entrenar desde cero sin correr el riesgo de mañas anteriores en otras embarcaciones.

Cuando se está trabado en una isla y ya no hay más rutas para seguir por tierra, la desesperación de moverse crece a un punto que los discursos y el convencimiento que uno logra supera todas las expectativas. Al principio puede costar un poco pararse sobre la pasarela flotante y movediza, frente a la proa de un yate amarrado de 3 pisos y más de 50 metros de largo, y chistar despacito y con timidez si les hace falta un par de manos extras. Al comienzo me sentía chiquitito en estos reclamos ante semejantes bestias, pero después de un par de veces de andar molestando con preguntas, saltando sogas y frecuentando todo tipo de bahía, se caen esas inseguridades que se crean ante un desafío nuevo. Es casi como la primera vez que se hace dedo y hay que preguntarle a cada auto que para a cargar nafta en la estación de servicio para que los lleve. La vergüenza se hace ínfima cuando el desafío de aventura y la adrenalina empujan con todo.

A bordo del “Antares”.

Al mismo tiempo aclaro que no es tan fácil, un velero o yate no es como un auto. Son hogares que flotan, por lo que no es tan simple convencer a la gente que dejen a un extraño convivir con ellos por mucho más que un algunas horas y sin opción de bajarse en cualquier parte, por obvias razones.
Otros factores también pueden afectar nuestra suerte: como cuando el clima no es bueno para navegar justo ese día, o porque deciden quedarse en puerto por un tiempo sin salir, o directamente porque no tienen ganas. Y no hay que olvidarse que al destino no lo elige uno, sino ellos, por lo tanto hay que planear bien las alternativas con respecto al viaje propio.
Se puede llegar a esperar hasta semanas en el puerto para que una embarcación se digne a llevarlos.

Y cuando nada sale, llegan los momentos de desesperación y desilusión al pasar los días sin suerte en encontrar esa bendito velero que tanto necesitas, en especial cuando ya no se puede continuar por tierra a ninguna parte, salvo volver por donde se vino, si es que se llegó por tierra. Pero si se lo hizo por agua, tener paciencia divina y rogar que los saquen de ahí a cualquier parte. En base a esto, viene bien conocer el destino en el que te puedan dejar por las dudas que sea una isla con poca actividad náutica y con riesgo de quedarse clavado por mucho tiempo. Esto puede pasar si es que no quieren pagar el ferri, o peor aún, un bote-taxi, el único transporte marítimo en algunas islas y el que te sacude la billetera con toda la furia de Poseidón. No me pasó, por suerte.

Si se encuentra al velero salvador, puede haber casos en que te pidan que te pagues tu propia comida, y en otras ocasiones te cobran por los días que estés a bordo. Depende del capitán. Parece que los que te llevan totalmente gratis a cambio de tu ayuda son la minoría, como me pasó. La familia italiana que me adoptó por 3 días y 2 noches no me dejó pagar absolutamente nada. No sólo no pelé ni un billete, sino que hasta no llegué ni a trabajar. Cada vez que quería ayudar con algo, el capitán (Paolo) me decía: “relajá, servite otro vaso de vino y disfrutá del paseo”. Un maestro el tano y también su hospitalaria familia en su velero de 10 metros, “Antares”.
Sin embargo, no todo fue cháchara y hedonismo de un cuasi polizón. Algo de nudos llegué a aprender, conocer al viento beneficioso y a su opuesto, navegación, velas, equipamiento, tipos de veleros y un sinfín de vocabulario náutico que se hizo cotidiano durante mi estadía con ellos, al igual que habituarse a un ritmo de vida ajeno en un medioambiente líquido. Experiencia alucinante sin caerme al mar y sin haber vomitado ni una vez.

Los miembros de una aventura que no me olvido más
Los miembros de una aventura que no me olvido más

Y así, después de meses deseando experimentar ser skipper de un velero en el Mar Adriático, se terminó dando tal como lo había añorado. Hasta el desafío más escurridizo se termina rindiendo ante uno, tarde o temprano.
Y es también otra prueba de las oportunidades que existen para viajar barato o con casi nada por nuestro planeta, inclusive por agua.
Océano Pacífico, no te tengo miedo…

VARIACIONES:

Barcos turísticos
Otra manera de moverse gratis por las aguas es con las embarcaciones de excursiones turísticas, las que por lo general pasan todo el día afuera, parando en islas o visitando parques nacionales de la zona. Es una buena chance de cruzar a otra isla que esté en nuestro rumbo y de ahí continuar por nuestra cuenta con otra embarcación, o simplemente pasar un día como voluntario visitando los alrededores totalmente gratis y con posibilidad de tener la comida incluida. Para encontrar al capitán, hay que ir al puerto tipo 8am (suelen salir entre 9am y 10am) o después que vuelven (6pm). Hay abundancia de estos barcos por toda la costa adriática y las oportunidades sobran.
Es muy fácil, más de lo que se piensa. Me salió dos veces, en una isla y desde tierra firme del Adriático.

Ferris
Funciona solamente en los que cobran por auto y no por persona. Sólo hay que preguntarles a los conductores que esperan a que llegue el ferri si les hacen el favor de dejarlos entrar al barco en su auto. Me funcionó cuando crucé desde Dinamarca a Alemania por el Mar Báltico.

Buques carga
Lo que alguna vez fue posible, ya no lo es. Antes se aceptaban ayudantes a bordo a cambio de algún trabajo. Hoy, las reglas cambiaron y se exige que toda la tripulación tenga seguro médico, entre otras trabas que nos complican la vida. Algunos buques aceptan voluntarios, pero a cambio de una suma de dinero que ronda los miles de dólares y que por consecuencia me hundiría como a una piedra.

Botes de pescadores
Puede funcionar, pero por lo general los pescadores siempre salen y vuelven al mismo puerto. Pero quién sabe, alguno se puede solidarizar y quizá los tira en su destino. De última, se puede negociar un precio conveniente y así surcar las olas hacia nuestro destino. Lo hice para llegar a la isla de Komodo desde la isla Flores, Indonesia.

Y por último, les dejo unos enlaces para postularse como voluntario y encontrar embarcaciones por todo el mundo:

www.floatplan.com
www.findacrew.net
www.crewfile.com
www.partnersandcrews.com

¡Gracias por pasar y espero que lo hayan disfrutado!

Frodo, el perro. Miembro fundamental de la tripulación.
Frodo, el miembro perruno y su alegría al llegar a tierra firme.

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