En busca del dragón

En busca del dragón

Como algunos ya saben, soy un loco apasionado de la vida animal salvaje. En mis viajes, todo ser que vuele, se arrastre, camine, nade, o trepe, termina de manera indefectible en el lente de mi cámara, dándome más satisfacción que cualquier templo, museo o monumento que visite. De chico, me comía los documentales de animales y volaba con la idea de algún día poder presenciar la fauna en latitudes desconocidas y lejanas. Hoy, puedo decir que soy un afortunado no sólo del peregrinaje mochilero por el planeta, sino también de presenciar su peculiar vida animal en cada rincón que visito.
Y así, un día llegué a Indonesia, alrededor de setiembre del 2014, motivado a conocer a su gente, su gastronomía candente, sus playas y sus paisajes tan cambiantes como alucinantes. Pero más allá de todo eso, había algo que me atraía con un magnetismo aún más poderoso: poder conocer de cerca al gran dragón de Komodo, el lagarto más grande del mundo.

Las hermosas y peligrosas playas de la isla de Komodo
Las hermosas y peligrosas playas de la isla de Komodo

Llegué en ferry a Labuanbajo, ciudad costera de la isla de Flores y único punto de partida de todo bote al Parque Nacional Komodo, conformado por las islas Komodo y Rinca, las dos más conocidas donde se pueden ver estas lagartijas de más de tres metros.
Tan pronto bajé, con los últimos rayos del atardecer, empecé a buscar dos cosas: algún punto para acampar lejos del bullicio, y encontrar a los pescadores y su mercado, desde donde me habían pasado el dato que era más barato para ir al Parque Nacional que desde cualquier barco para turistas con billeteras dulces. El mercado pesquero está hacia la derecha de la ciudad, siguiendo la costa y donde se vean muchas lanchas largas de madera, cargadas con suministros, y rodeados por un olor a pescado que te dobla la nariz.

Labuanbajo, isla de Flores.
Labuanbajo, isla de Flores y único punto de salida a Komodo y Rinca.

Unos locales me vieron deambular un buen rato y cuando se me acercaron para preguntarme en que andaba, les expliqué  mi intención de acampar en un lugar tranquilo. Bueno, en realidad no me dejaron ni terminar mi idea que ya me habían cargado, con mochilas incluidas, en una motito tipo scooter que sufría al acelerar. Con humildad suprema, me adoptaron por dos noches sin que me falte nada en su casilla de chapa y rodeado de selva.
El destino de la mayoría de visitantes que van a la isla de Komodo es Loh Liang, desde donde uno se registra para entrar al parque y con oportunidad de dormir en alguna de sus cabañas. Pero a pesar de la tentación de ver a estos lagartos, los precios para alojarse en Loh Liand y el viaje turístico convencional eran una locura para mi condición financiera, llegando a 2 millones de rupias indonesias, unos 200 dólares. 1 USD equivalía a unos 10.000 INR (Rupia Indonesia) para septiembre del 2014. Me puedo desmayar si pago eso, aunque por suerte unos viajeros que me crucé unas semanas antes me habían pasado un contacto en la isla. Ahora tenía a alguien que me esperaba en la aldea Komodo (Komodo Kampung), a 40min caminando de Loh Liang y totalmente gratis.

Típica lancha pescadora y de transporte entre Flores y Komodo
Típica lancha pescadora y de transporte entre Flores y Komodo

El día del viaje hay que ir bien temprano al mercado para asegurarse un lugar en alguna de las lanchas pescadoras que se dirija a la aldea. No hay nada más lindo que no ver turistas en lugares como éstos, donde el precio que uno paga es el mismo del local y el cual se negocia ahí mismo de acuerdo a que tan cargado se esté. En ese momento pagué 50.000 rupias (5 USD) a la aldea Komodo, una ganga para ser cuatro horas de viaje. El precio en cualquier bote para turistas ronda las 500.000 rupias.

A lo lejos, Komodo y sus dragones
A lo lejos, Komodo y sus dragones

El ruido del motor se hizo insoportable los primeros 30 minutos del viaje, después me desmayé sobre mis mochilas y las bolsas de arroz del resto de los pasajeros. Aguas cristalinas con un color turquesa exponían a tortugas que pasan nadando bajo nuestro. A lo lejos se veían las aletas dorsales de delfines cada tanto, mientras el paisaje comenzaba a mostrar su identidad árida y con aspecto a desolado, opuesto al vívido y habitado paisaje acuático. Las conocidas, peligrosas y arremolinadas aguas que hay entre Komodo y Rinca nos esperaban, las mismas que siempre se llevan alguna embarcación pesquera al fondo. Los pensamientos de un posible naufragio y con salvación en islas aledañas infestadas por los mortíferos dragones abundaban, en especial al sentir los saltos y lucha de la frágil nave de madera contra los cambios bruscos de corriente.
Una vez que pasó el peligro acuático, la silueta de la isla de Komodo ya se exponía de lejos, acusada por una mujer que tengo al lado y la cual me señala su ubicación con una gran sonrisa llena de calidez. Sin controlarlo, le devolví el mismo gesto a medias ya que no tenía muy en claro lo que me esperaba en aquella tierra donde pocos se animan a vivir.

La única aldea en la isla de Komodo (Komodo Kampung)
La única aldea en la isla de Komodo (Komodo Kampung)

De lejos, ya se pueden divisar los techos y colores de las casas que conforman a Komodo Kampung. Mientras voy bajando de mi transporte que no nos defraudó, alguien me llama de lejos, “¡Mr. Ben!” (en Indonesia es común llamar a alguien por su título y seguido por el primer nombre).  Ansar, el contacto que me habían pasado me esperaba con otra gran sonrisa que me hizo sentir en casa al instante. Profesor en la única escuela de la isla, me guiaba por los callejones, esquivando gallinas, cabras y niños que se me quedaban viendo con la misma sorpresa que yo tendría al ver a un “Komodo” a esa distancia. Las casas están elevadas a un poco más de un metro del suelo para evitar dos posibles peligros: marea alta y los chicos de sangre fría que suelen visitar la aldea cuando tienen hambre. Pregunto a Ansar por un alambrado o muro que separe el asentamiento humano del resto de la isla salvaje, a lo que me responde con una sonrisa compasiva y agrega: “a veces entran y se llevan una gallina, una cabra, un niño, o lo que tengan al alcance”. “Hay momentos que los veo pasar frente a mi casa, pero no es problema, ya estamos acostumbrados desde hace mucho”. No podía romper mi cara de fascinación e impresión al tratar de dimensionar semejante vida cotidiana. Algunos esquivan autos en las ciudades, mientras que otros y en lugares como estos, lagartos letales.

Perdiéndome por sus rincones
Perdiéndome por sus rincones

Bueno, tengo que contarles que para los que nunca vieron los documentales de Animal Planet o Discovery, en realidad éstos no son dragones de los que ustedes se imaginan. No vuelan, ni tiran fuego de su boca y a pesar que la dramática tierra donde viven parezca de un cuento de fantasía, son sólo lagartos monitor, el más grande. Y es probable que el nombre “dragón” se lo haya puesto algún colonizador europeo corto en imaginación y amante de las leyendas.
No tiran fuego de la boca, pero si algo peor. Su saliva tiene un mix de más de 60 tipos de bacterias, varias letales. Una mordida es todo lo que hace falta para que la infección ya esté en marcha. Si no se trata a tiempo, te manda al tacho en horas, días, y llegando a semanas en animales grandes, en el caso de un búfalo. Y lo más lindo es que los dragones pueden tener explosiones de velocidad alcanzando 20km/h. Otras fuentes más recientes dicen que en realidad tiene glándulas venenosas, desmintiendo la teoría de la saliva “picante”. Sea una o la otra, el contacto físico con los ora, como se los conoce localmente, no está en los planes de mi visita.

Dragón de Komodo
Dragón de Komodo

Es obligatorio entrar al Parque Nacional con guía. No soy muy amigo de pagarle a alguien que me diga por donde tengo que ir y seguir su ritmo, pero esta vez nunca estuve tan feliz de tener a un local que conoce caminando delante mío. Unas semanas antes lamentablemente, dos españoles entraron sin guía y uno de ellos fue mordido en la pierna. Murió a las horas en una lancha camino a Labuanbajo.
Hay dos formas de llegar a Loh Liang (o sea, la entrada al Parque Nacional) desde Komodo Kampung. Si hay marea alta, hay que cruzar por adentro de la isla, peligroso pero posible. Si hay marea baja, por la playa, más seguro y rápido (40min). Al que madruga, la marea lo ayuda.

Cerca de la entrada al Parque Nacional. Al fondo está el estrecho por el que crucé con marea baja.
Cerca de la entrada al Parque Nacional. Al fondo está el estrecho por el que crucé con marea baja.

El ticket de entrada, el guía, la cámara, y no sé cuántas cosas más que te cobran por la cara que tengas, termina saliendo unos 200.000 INR (20 USD). O sea, unos 300.000 en total fue lo que gasté junto al viaje de ida y vuelta en lancha de pescador, lo que sigue siendo barato en comparación a los 2 millones INR que le cobran a cualquier turista. Obviamente, el alojamiento gratis que tuve en la aldea no lo considero en el cálculo, pero recuerden que se puede visitar la isla en un solo día. Pido disculpas por tantos números en el medio del relato, pero me parece que quizá esto pueda ayudar al próximo viajero con un presupuesto limitado como el mío.
Arrancamos la caminata por uno de los senderos con una vegetación seca y por suerte no tan densa, permitiendo la visibilidad a varios metros de distancia. Mi guía caminaba delante de mí con total calma, contándome de su familia y los problemas de la vida en la isla, llevando en una de sus manos lo único que mantendría a estos dragones de más de 3 metros a raya: un bastón de madera  de un metro y medio con uno de sus extremos bifurcado, nada más. Por su tranquilidad es evidente que esta gente sabe lo que hace. Eso pensaba hasta que me mostró una herida, o mejor dicho, un pedazo de carne que le faltaba en la pantorrilla, consecuencia de una mordida de komodo. Se salvó por tratarla a tiempo. “A respirar hondo y seguir caminando, Benjamin”.
Allá estaba el primero, cruzando a paso lento frente a nosotros dos y otros visitantes. Al rato llegó otro un poco más grande y los 30 minutos ya estábamos acompañados por cinco de ellos.

Uno de tamaño mediano.
Uno de tamaño mediano.

Creo que la mayoría de nosotros ha visto lagartos y lagartijas de todos los tamaños, pero les digo que esto es algo que nunca se hubieran imaginado. Este lugar no es un zoológico y no se está separado por un alambrado o alguna protección. Están ahí, caminando entre las personas. Verlos estas bestias hermosas a veces del largo de un auto pasar cerca de uno, y aún más, sabiendo que pueden tener corridas que ni siquiera te da tiempo a reaccionar, agregando esa mordida complicada, es realmente estar frente a un ser de otra realidad, de un mundo de fantasía. Fue ahí cuando cambié de opinión, y desde entonces nunca estuve más de acuerdo con el nombre que algún colonizador europeo le puso tiempo atrás. Verlos por TV era impresionante, pero tenerlos ahí, oliéndote con sus largas lenguas bífidas y sin sacarte los ojos de encima, superó todo lo pensado y esperado que alguna vez me imaginé de chico. No podía estar más agradecido de aquel momento y lo que logré. Fue otra lección que me ayudó a confirmar que todo lo que uno sueña y visualiza se termina concretando de alguna manera u otra, siempre.

¡No te des vuelta!
¡No te des vuelta!

El paseo dura casi dos horas e incluye algunos puntos altos de la isla desde donde se pueden ver los alrededores, pero ojo de no descuidarse, los dragones jóvenes son más impredecibles, rápidos y agresivos que los adultos.
A la vuelta volvimos a la entrada del parque y pasamos por entre las casas donde su personal vive, en Loh Liang. A la ida no vi uno, pero ahora estaba infestado de oras caminando por debajo de los hogares y paseándose con total tranquilidad, aunque con cada movimiento rápido que hacían, los espectadores saltábamos como poseídos por una dosis de adrenalina histérica.

Está lindo para vivir ahí, ¿eh?

Y como llegué, me fui. Crucé una vez más el estrecho entre el precipicio y el mar, por donde la marea parecía estar esperándome para que pase. Me quedé una noche más en la aldea Komodo y al otro día con total satisfacción, retomé viaje hacia la isla de Flores con sus locales para después poder seguir explorando la tan diversa Indonesia.

¡Gracias por pasar y espero que les haya gustado!

2 thoughts on “En busca del dragón

  1. Cómo viví cada momento de este relato. Es un sueño mío también de presenciar estos dragones algún día. Como siempre, escrito con naturaleza y atrapando mi imaginación. Besos Benja!

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *