La Transilvania que quizás no conocías

La Transilvania que quizás no conocías

“Trata de imaginar Transilvania sin Drácula”, me dijo un amigo local una vez. Y no, no era fácil. Gracias a mi poco conocimiento y a la historia de Bram Stoker, me parecía imposible poder separar en mi mente a esa región del centro de Rumania con el aquel personaje pálido y engominado, como si estuvieran unidos por un irrompible mandato de ficción. De todos modos, al poco tiempo de haber llegado mi atención por el Conde decayó. Una de las razones puede ser la desmitificación que sufre el personaje por el desinterés de los locales, a un punto que ya hasta me daba vergüenza preguntarles. Muchos hasta sacuden sus cabeza cada vez que se lo nombra. De a poco me fui dando cuenta que esta bellísima zona de bosques, montañas, castillos y aldeas medievales, tiene mucho más para ofrecer que el simple existir bajo la etiqueta del vampiro.
Durante los tres meses de voluntariado en la escondida Richiș, tuve la oportunidad de explorar los alrededores, donde el decadente transporte público me hacía el gran favor de mantener viva la llama del autostop, método de movilidad que todavía es usado por gran parte de la población rumana. Uno de los mejores países de Europa para hacer dedo, a mi parecer.

A veces los días para hacer dedo son así, y bueno, calza justo.
A veces, los días cuando hago dedo son así, perfectos para volar con la imaginación

La mayoría de los asentamientos en Transilvania que aún quedan en pie son de origen sajón y con nacimientos registrados en papiros del siglo XII-XII. En sus comienzos, éstas aldeas amuralladas y con una iglesia fortificada en su corazón, cumplían la función de detener la sucesivas e incansables incursiones de los turcos otomanos a territorio rumano. En esa época, los colonos sajones (junto a los húngaros) eran los únicos que podían vivir dentro de esas ciudadelas fortificadas, prohibiendo el ingreso a la minoría rumana y local.
El tiempo pasó junto a varios pasa mano sangrientos del trono local, dejando como evidencia a pueblos y aldeas con sus nombres en tres idiomas, sajón (alemán antiguo), húngaro y rumano al mismo tiempo. Por ejemplo, Richiș (en rumano), también se conoce como Reichesdorf en sajón-alemán y en menor medidad, como Riomfalva, en húngaro.
Hoy, algunas murallas de sus ciudadelas fueron tiradas abajo y sus piedras son los cimientos de escuelas y casas. La población rumana está al mando ahora, mezclada con húngaros, gitanos y los últimos sajones que quedan.

IGLESIAS FORTIFICADAS
Transilvania no fue llamada siempre de esa manera. Siebenbürgen (Siete Fortalezas), era como se la conocía en tiempos sajones a partir del S. XII. Eran las siete ciudadelas más resistentes de la región, entre otras más pequeñas. Éstas son: Brasov, Medias, Sighisoara, Bistrita, Sibiu y Cluj Napoca. Para llegar a estos poderosos y antiguos centros medievales, hoy hay que cruzar autopistas, semáforos y tener suerte al estacionar. Ciudades del medioevo con parquímetros.

Una de las secciones amuralladas que quedan en Sibiu.
Una de las secciones amuralladas que quedan en la gran Sibiu.

Por suerte hay lugares donde Mc Donalds todavía no llegó. El viaje a la Rumania rural es una experiencia importante. Pasando por fragmentos de bosque desde  puntos elevados y con paisajes alucinantes, bajamos para cruzar a los pastores locales, sus ovejas y sus guardianes canino de gran tamaño. A medida que ascendemos y descendemos por los valles, aparecen a corta distancia, los montes con terrazas que en su plenitud alojaron infinidad de viñedos y por los que la región alguna vez sembró su gran reputación. Estamos a finales de otoño en el centro de Rumania, donde sus pastizales dorados y sus bosques tan eternos como secos, mezclados a lo que nuestra imaginación nos susurra al pensar en Transilvania, crea una sensación de irrealidad del lugar donde me encuentro. Los caminos secundarios y sinuosos del interior nos sorprenden casi de inmediato con los primeros techos de tejas de los hogares y sus chimeneas humeantes. Luego de unos instantes somos testigos del por qué estos pueblitos de casi un milenio, siguen siendo viajes en el tiempo. La cúpula central es la que asoma primero para luego dar lugar a las torres de defensa que rodean a estas iglesias conservadas desde el primer día. Pequeños poblados con iglesias altamente fortificadas. Honestamente, es increíble la ambientación que crean al transportar la imaginación a épocas distantes y quizá fantásticas. La naturaleza que envuelven estos asentamientos es fundamental en estas postales y donde sus bosques con osos, lobos, ciervos, etc., son los que han inspirado los cuentos que leía cuando todavía no me sabía atar los cordones. Es como viajar de vuelta a la infancia y a 800 años atrás al mismo tiempo.

Una aldea llamada Biertan.
Una aldea llamada Biertan.

Al mismo tiempo, mi pensamiento crítico emerge y me hace reflexionar en lo que era más importante en aquella época, la religión por sobre todo lo demás. No difiere mucho al mismo pensamiento en el resto del mundo y hasta hoy en día, salvo que aquí las convirtieron en feroces fortalezas. Es interesante pensar el temor de la corona húngara al llamar a los sajones, reconocidos constructores de la Edad Media, para que levanten semejantes edificaciones por miedo a “perder” la religión ante la amenaza del este islámico.
Lo que es claro es que entre estos puntos amurallados y con los aún más grandes paredones, los Montes Cárpatos al sur de Transilvania, al Imperio Otomano se le complicó conquistar el lugar por donde ya en esa época, Vlad Țepeș (Drácula), empezaba a moldear su legendario perfil y a tener menos amigos que indio malo.

Copșa Mare y su iglesia, la que recibe los últimos rastros del atardecer.
Copșa Mare y su iglesia, quien sin coincidencias, recibe los últimos rastros del atardecer.

UN DRÁCULA DE BIGOTE Y PELO LARGO
Había una vez un hombre, que no se convertía en murciélago ni era inmortal, al que no le gustaba la corrupción, la traición ni el crimen, entre otras cosas. Mientras que otros gobernantes hacían la vista gorda ante estos sucesos, nuestro nuevo amigo llamado Vlad III, decidió poner fin a estos hechos de una manera un poco más violenta de lo normal. En pleno siglo XV, todos aquellos que se desviaran un poco o mucho del margen de la (su) ley, serían empalados, o sea, atravesados por una estaca. Las víctimas, todavía en vida, quedaban colgando a varios metros del suelo como ejemplo para el resto. Mayor era el cargo o responsabilidad del ajusticiado, más alta sería su estaqueada. Tanto enemigos turcos, como compatriotas que no se amoldaban, sufrían de la inclemencia de Vlad III, quien al tiempo ya se lo conocería con un nombre más afín a su castigo favorito, Vlad “el empalador” (Vlad Țepeș, en rumano).

La casa donde nació. ¿Se lo imaginan gateando por ahí?
La casa donde nació. ¿Se lo imaginan gateando por ahí?

La fama de Vlad, príncipe de la región de Wallachia (y no Conde de Transilvania), comenzó a ganar una bataola de rumores y chismes en una campaña para ensuciar su nombre y reputación por parte de sajones transilvanos y soberanos que no estaban de acuerdo con él ni con su simpática política. Frecuentaba la idea que este hombre de bigote ochentoso (o del 1400, mejor dicho) y melena ondulada, bebía la sangre de sus víctimas y comía frente a sus estaqueados. Verdad o no, lo que sí se sabe por ejemplo, era la existencia del bosque de los empalados, el que más de una vez repelió incursiones de los turcos otomanos, quienes volvieron horrorizados a Constantinopla haciendo aún más fuerte el mito.

Las ruinas del castillo Poenari, hogar de Vlad.
Las ruinas del castillo Poenari, hogar de Vlad.

Mientras tanto, el nombre “Drácula”, es una consecuencia del título que venía heredado de su padre, Vlad Dracul o Vlad II. Dracul o Drakulea, proviene de la elitista Orden del Dragón a la que el padre pertenecía. En rumano antiguo (quizá con fuerte influencia eslava), Drac significa dragón, mientras que en rumano moderno es “demonio”. También se piensa que la similitud al pronunciar Vlad con “blood” (sangre en inglés), fueron granitos de arena que contribuyeron en la creación de una quimera igual de tenebrosa, como la persona a quien se lo atribuía. Fue uno de los gobernantes de la época más temidos de toda Europa, tanto por su inteligencia y estrategia en combate, como su manera de lidiar con los que no le caían bien.

Sanguinario o no, se merece su monumento.
Sanguinario o no, merece un monumento.

Muchos siglos después, apareció el escritor irlandés Bram Stoker, quien daría vida al personaje que más dinero y popularidad le dio, Drácula. Quizá no sólo utilizó la biografía y mitos de Vlad, sino también mezclándolo con la criatura del folklore rumano, moroi: humanos fallecidos que reviven durante la noche para alimentarse de la energía de los vivos.
Hoy, Transilvania es sinónimo del chupasangre, y como consecuencia, un imán turístico para la región. Y mientras muchos locales muestran indiferencia por él, otros lo consideran héroe nacional y patriota contra la corrupción. Varios me compartieron que tendría que volver y ordenar la inestable situación política que sufre la nación.
En definitiva, creo que Drácula es un infante comparado a las cositas que hizo Vlad Țepeș, otro ejemplo donde la realidad supera con brutalidad a la ficción, literalmente.
Si alguna vez piensan visitar la casa donde nació Vlad III, ésta se ubica en la parte antigua de la ciudad de Sighișoara, mientras que el castillo donde realmente se dice que vivió, se llama Poenari, muy cerca de la escénica ruta Transfăgărășan, al sur de los Montes Cárpatos.

Propaganda de un partido político con la cara de Vlad.
Propaganda de un partido político con la cara de Vlad.

EL HOMBRE VERDE
Un día me enteré que Schaz, el último sajón transilvano de Richiș, estaba por dar un tour a unos turistas alemanes dentro de la iglesia central, y como me habían contado que las cosas que hay adentro van más allá de lo tradicional, me anoté a las corridas. No es fácil entrar a estos lugares, ya que durante el invierno se cierran y sólo es posible lograr el ingreso cuando el protector de la iglesia es contactado con anterioridad.

La iglesia de Richiș
La iglesia de Richiș

En la mayoría de las aldeas hay dos templos cristianos: uno es rumano ortodoxo y el otro sajón evangelista. La primera, más pequeña y altamente decorada está por lo general al margen de los poblados como muestra a la exclusión que sufrían los rumanos en su propia tierra. Mientras que la otra, está en el centro, mucho más grande, de unos 500 años y fortificada. En la de Richiș, por ejemplo, por los restos de decoración que aún quedan, es evidente que sus inicios fueron católicos mucho antes de la remodelación minimalista que vino con la fe evangelista.
Lo más interesante empezó cuando pude distinguir lo que dijo en alemán el sonriente y sabio anciano: der Grüne Mann (el hombre verde). Con la traducción de mi amiga Jeanne, seguimos al guía con desesperación de no perdernos ni una palabra de esa frágil, pero sabia voz de anciano. Mientras tanto, nos iba señalando con su varilla rostros esculpidos en cada una de las columnas de estilo gótico.

Desenmascarando caritas ocultas.
Desenmascarando caritas ocultas.

Algunas demandaban atención y explicación para poder definir esas facciones tan bien camufladas, otras eran evidentes de inmediato. La que más frecuentaba era la del personaje principal, un rostro con semejanza humana hecho o rodeado por hojas. Así fue como conocí por primera vez al Hombre Verde, personaje que se cree perteneciente a la religión pagana, previa al Cristianismo y con fuertes lazos con la naturaleza.

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No es un apóstol, es el Hombre Verde.

Por un lado, me creaba gran intriga pensar que ese “decorado” de seres sobrenaturales no tenía parentesco alguno con lo que haya visto en cualquier iglesia en mi vida. Pero por el otro, me revotaba en la cabeza el hecho de que la fe cristiana haya permitido que estos personajes convivieran por 500 años en uno de sus edificios, junto a rostros esculpidos de Jesús, sobrevivientes de la deco limpieza evangelista. Y por lo que nos explicó Schaz, los curas nunca le dieron importancia o nunca los detectaron, extrañas opciones, en especial por la intolerancia religiosa que reinaba en esa época. Algunos dicen que en la transición (no suave) del Paganismo al Cristianismo, aún había personas que eran fieles a sus raíces y que de alguna manera, lograron filtrar a sus ídolos en templos de la nueva religión dominante y así seguir adorándolos en secreto.

Luego de investigar un poco, descubrí que no sólo se puede encontrar en Richiș, sino también en algunas iglesias de Inglaterra, Francia, Alemania y posiblemente por tierras donde los sajones alguna vez frecuentaron. Al Hombre Verde se lo considera una deidad relacionada como símbolo de nacimiento y la llegada de cada primavera, y si nos vamos un poco más allá, también con representaciones subliminales de personajes como Peter Pan, Robin Hood y varios más que se visten de verde, relacionados con mundos fantásticos o con la naturaleza.

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El mismo personaje, creo, descubierto por casualidad en un balcón de la antigua Sighisoara.

NATURALEZA DE CUENTOS
Si las iglesias medievales, Drácula y el Hombre Verde valen la pena conocer, entonces también tengo que contarles lo fascinante y no menos importante naturaleza que envuelve a la región. Quizá la falta de infraestructura del país sea un salva vida salvaje y su verde, en especial de Transilvania, convirtiéndola en uno de los últimos rincones con grandes extensiones de bosques nativos y vida salvaje de Europa.

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Bosques de fábulas.

Y mientras que en muchas partes del continente (y del mundo) el lobo pasó a ser más un personaje de cuentos que un animal real, aquí hay santuarios naturales que todavía pertenecen a estos caninos.

Los Montes Carpatos, frontera natural al sur de Transilvania.
Los Montes Cárpatos, frontera natural al sur de Transilvania.

Osos se pueden ver con mayor facilidad (salvo en invierno), tanto en lo salvaje, como tristemente en las ciudades. En la localidad de Brasov, al sudeste de Transilvania, es normal que bajen de las montañas para revolver tachos de los suburbios en búsqueda de comida. Desde que se prohibió la caza de éstos, la población aumentó en especial entre los Montes Cárpatos, por dónde también se pueden ver linces, jabalíes y gran varieté de vida.
Bosques de cuentos reales.

El típico paisaje transilvano en otoño.

Bueno, estos han sido los temas que más cerca viví y que más me atrajeron en estos tres meses. Sin embargo, hay muchísimo más para ver y vivir en Transilvania, como aldeas húngaras y checas con su propia identidad, cultura gitana, minas de sal inmensas, castillos, etc.

Cerrando el tema, ahora ya todos sabemos que Transilvania no es sólo Drácula, aunque espero que eso no los desilusione.

¡Gracias por pasar y espero que les haya gustado!

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