Eslovaquia: historia turbulenta, castillos y una de Hollywood

Eslovaquia: historia turbulenta, castillos y una de Hollywood

Cuando estoy en camino a un nuevo destino por lo general no me informo mucho. Me gusta llegar y encontrarme con todo eso de repente y sin previas expectativas. Serán los locales que me encuentre en el camino los que me guiarán a dónde sea y con interés de sorprenderme en cada giro de esquina. Sin embargo, hay países donde uno ya sabe un poco de su historia y qué visitar en rasgos generales. Bueno, ese no fue el caso de Eslovaquia y por eso crucé con hambre de conocer todo de esta tierra tan antigua como nueva y a su vez desconocida para mí.

Bratislava.
Bratislava.

Por un lado, los apuntes históricos dicen que desde el Siglo V ya había actividad eslava por estos territorios, pero fue recién en 1993 que Eslovaquia se largó totalmente sola y como una nación única.
Entre medio hubo un surtido de imperios que no fueron invitados, como el húngaro, mongol, austro húngaro, tercer reich y soviético, entre los más ruidosos. A eso lo siguió una asociación con los checos que duró casi 100 años de vida, creando Checoslovaquia.
Hoy Eslovaquia se recupera después de todas estas sacudidas, en especial de la huella soviética, y aunque muchos a los que les pregunté continúan pensando que la era comunista fue el apogeo del país, hoy la realidad es otra, Eslovaquia es parte de la Unión Europea y su economía abraza al euro con desesperación a naufragar.

Ah, también pasaron los franceses. La bocha incrustada en la pared de una iglesia fue uno de los regalos de Napoleón.
Ah, también pasaron los franceses. La bocha incrustada en la pared de una iglesia fue un regalo de uno de los cañones de Napoleón en su paso por Bratislava.

Su capital, Bratislava fue mi primera visita al cruzar desde Austria. Es la misma ciudad donde los eslovacos fueron la minoría y hasta donde su idioma estuvo prohibido por siglos, permitiendo sólo alemán y húngaro. Es también la que un repentino día de principios de los 90´ se convirtió en capital, despegándose de la sombra de Praga y poniendo fin a la era checoslovaca.
Sigue siendo eclipsada en turismo por la capital checa y un destino que muchos esquivan quizá por desconocimiento. Para hacerlo peor, hasta Hollywood patea en contra. La empresa de marketing más grande de EEUU lanzó dos películas que fueron baldazos de agua helada: “Eurotrip” y “Hostel”. Quizá no parezca un dato importante, pero el impacto que tuvieron en la infante Eslovaquia y su reciente y sensible situación turística dieron de qué hablar hasta hoy. La primera es una comedia que ridiculiza al país y a su gente en cuanto a su nivel de desarrollo, patético y similar accionar de Hollywood con otras naciones. Mientras que la segunda fue una bola de demolición contra un frágil cristal. Hostel es un filme de horror dónde mochileros son secuestrados en un hostal, torturados y cortados en pedacitos. Por esa película, el turismo mochilero cayó un 70% en el país y para sorpresa de varios, ambas ni siquiera fueron filmadas en Eslovaquia, sino República Checa. El poder del cine es importante, pero la ignorancia de la gente lo dobla.

Las calles de Bratislava y una de las torres del castillo de fondo.
Las calles de Bratislava y una de las torres del castillo de fondo.

El castillo en el centro de la ciudad es la atracción principal. Sus cuatro torres apuntan a cada punto cardinal y observan el paso del río Danubio quien antes visita a Viena y luego a Budapest y Belgrado, creciendo en su cauce a medida que se acerca al Mar Negro.

El castillo de Bratislava y el río Danubio.
El castillo de Bratislava y el río Danubio.

Cuando la noche cae es momento de conocer los bares locales. Algunos están bajo el nivel de la calle y sus ventanitas al borde de la vereda. Algunos tienen a la madera como principal elemento, techos bajos, ventanas pequeñas y mucho bullicio, pequeños oasis. Algunos con nubes de humo porque se permite fumar adentro, y otros que en su mayoría permiten mascotas. La degustación largó con sabores como Borovička, “la ginebra eslovaca”, dirían mis anfitriones. Como “sólo” tiene 40% de graduación alcohólica, acá se acompaña además con vaso de cerveza al lado. Ésta última fue una mezcla de rubia y negra sin que se mezclen en el mismo recipiente de vidrio, nunca visto. Me sentía un conejillo de india, pero de los felices, al que le acercaban todo tipo de bebida nacional y también hasta me tocó algunos snacks del legado soviético, como el Chrumky, salado y con sabor a maní.

Antes de largar la degustación eslovaca.
Antes de largar la degustación eslovaca.

En el día de partida, tomé uno de los tranvías locales que me dejó en la última parada fuera de la ciudad y con sentido este. Con una suerte celestial sólo esperé 25 minutos con el pulgar y 1 hora después de hacer 80 kilómetros estaba caminando por Nitra, la segunda ciudad más antigua del país y que data del Siglo VIII. Cada pueblo en Eslovaquia cuenta con por lo menos una iglesia  de importantes dimensiones y ornamentación, haciendo de su cúpula el punto más alto de la localidad. Otros, hasta tienen su propio castillo medieval. Algunos intactos, algunos reconstruidos y muchos en ruinas. Es impresionante entrar a estas fortalezas y pensar que las más nuevas llegan a triplicar los 200 años de Argentina, mientras que otras alcanzan el milenio, aunque no en las mejores condiciones.

Uno castillo fortaleza del siglo XI construido sobre la lava petrificada que quedó de un volcán.
Uno castillo fortaleza del siglo XI construido sobre la lava petrificada que quedó de un volcán.

Luego de mi visita relámpago a Nitra, me centré en moverme con el pulgar por el centro de Eslovaquia y observando de lejos a la cadena montañosa, Tatra, al centro norte del país y compartida con Polonia. Los primeros fríos de noviembre me empujaban para el sur y sólo podía soñar con volver algún día en un clima más benigno y saludar estos titanes montañosos sin estar tan emponchado.

Vista de Nitra desde la iglesia San Emerano, una de las más antiguas de Eslovaquia. Siglo XI.
Vista de Nitra desde la iglesia San Emerano, una de las más antiguas de Eslovaquia. Siglo XI.

Pasé por Banská Štiavnica, con su nombre imposible de pronunciar y junto a sus temibles acentos ortográficos. El idioma eslovaco, junto con el checo pueden ser trabalenguas importantes en especial en las palabras con escaces de vocales, o sencillamente sin ellas.  El ejemplo más conocido es “Strč prst skrz krk”, que significa: “ponerse el dedo en la garganta”. Sí, así de fácil es el idioma.
“Banska Schiavitna”, como yo lo pronunciaba, tuvo su auge en la minería local por sus concentraciones de plata y otros minerales, y así, tanto mineros como obispos se acercaron a esta hermosa zona boscosa atraídos por el brillo de metales, los que luego fueron usados para levantar iglesias y decorarlas. Hoy es Patrimonio de la Humanidad y los ingresos ya no vienen de las minas, sino del turismo. Se destaca la abandonada iglesia del Calvario que con sus dos cúpulas rojas de estilo barroco vigila al pueblo sobre la altura de una loma.

La iglesia del Calvario allá lejos. Banská Štiavnica.
La iglesia del Calvario allá lejos. Banská Štiavnica.

Me perdí por sus callejones desnivelados y medievales al cruzar arcos y edificios que por su apariencia y antigüedad fácilmente podrían ser considerados museos en cualquier parte del mundo.

Las calles de "Banská"...
Las calles de “Banská”…

Luego de caminar solo por un tiempo comencé a extrañar el contacto con otros viajeros. Es tentador acercarse a cualquiera que ande con una mochila grande o que cumpla con los estándares de apariencia que lo acusen como forastero, igual que a uno. En las calles de “Banská” me crucé con una pareja rusa de mochileros que también andan paseando por el planeta a dedo y carpa. Y aunque no pasa siempre, cada tanto hay algún nómada con un tipo de proyecto a cuestas, haciendo del mochileo una herramienta para promover sus habilidades, arte, escribir un blog, etc. En este caso, estos chicos entrevistan y filman a personas que sean apasionadas de su trabajo para demostrar que todavía existe esa clase de humano que parece casi extinta en estos tiempos. Dima y Nastasya también tocan el “jaw harp” o “arpa de boca”, como yo. Con la diferencia que ellos hacen plata en la calle, y yo todavía me sigo golpeando los dientes. Pero no importa, conocer estos personajes me motivó a ponerme a practicar una vez más y dejar de pasearla en el estuche.

Con Nastya y Dima.
Con Nastya y Dima.

En un inesperado cambio de planes decidí visitar otra localidad, pero en lugar de ir al sur, lo hice para el lado opuesto. Me dijeron que valía la pena la noche anterior a mi partida, entonces chequee mapas, rutas y allá fui al amanecer, a pararme en la ruta con un cartel en mis manos que decía, “Zvolen”. Por suerte, mis paradas no están a más de 150 o 200 kilómetros de distancia entre sí, lo que me facilita llegar siempre a destino y no quedarme entre medio y tener que acampar de emergencia bajo los primeros fríos eslovaco. Me gustaría tirar la carpa todo el tiempo, en especial en algún castillo o en pleno bosque, pero mientras tanto uso couchsurfing para dormir con calidez y gratis, en algunas paradas de interés y otras de necesidad. Cuando se viaja con poco presupuesto y solo, todo demanda más energía y tiempo. Contactar anfitriones y convencerlos para que te reciban lleva sus horas frente a la compu, aunque la recompensa de tener un techo esa noche lo vale.
Ya va a venir un post sobre couchsurfing y mis experiencias, creo que vale la pena.

Y hablando de anfitriones, en Zvolen fui invitado por Peter, coleccionista y comerciante de antigüedades, adicto al trabajo y al café, y descendiente de una familia de nobles de más de 400 años. Con sus 30 años y varios espressos de por medio, me compartió entre otras cosas, su desencanto por el régimen comunista que visitó a Eslovaquia por 4 décadas. Durante la ocupación roja, su familia perdió propiedades y bienes en cantidad, pero el mayor malestar de este muchacho fue perder aquel status de nobleza, y que su escudo familiar ya no tenga el peso que alguna vez tuvo. La única prueba que les queda es un título autorizado por algún emperador, el cual hoy no es más que un simple papel que se pudre cada día más.
“Los tiempos cambian a favor o en contra de nuestra voluntad y no queda otra que adaptarse”, pensaba, mientras caminábamos por las ruinas de un castillo del Siglo XIII que me confirmaban ese pensamiento de lo impermanente. Castillos, imperios y títulos seguirán apareciendo y cayendo hasta que entendamos que nada material nos pertenece, ya que sólo estamos de paso.

Con mi noble amigo Peter, en las ruinas del castillo Pustý, Zvolen.
Con mi noble amigo Peter, en las ruinas del castillo medieval, Pustý. 

Mi paso por Zvolen coincidió con la “conmemoración de los fieles difuntos” o “el día de los muertos”. Es una celebración cristiana que se realiza el 2 de noviembre y en la que se conmemora y se recuerda a los familiares fallecidos. Esa noche visitamos el cementerio local para ver multitudes dejando velas en cada una de las tumbas y creando una colorida e iluminada noche de otoño.

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Otro día comenzó, y camino Lučenec, mi última parada en territorio eslovaco y próximo a la frontera húngara conocí a Martin y Patricia, una joven pareja local que me levantó en la salida de Zvolen. Ambos granjeros y orientados a la permacultura me invitaron a ver a un amigo en las proximidades. Con tiempo suficiente para recorrer los 60km que me separaban de mi destino, me apunté a la visita y decidí cortar el día del pulgar a la mitad.
De autopista, pasamos a caminos secundarios y terminamos en senderos de una sola mano cruzando granjas, bosques, lomas, y por el  “verdadero interior de Eslovaquia”, según me compartía Patricia con una gran y orgullosa sonrisa desde el asiento del acompañante. Mientras, Martin al volante me bombardeaba con preguntas sobre mi vida nómade y con interés en saber la movida de permacultura en Argentina. Conexión inmediata con estos dos inesperados e increíbles seres humanos.
Al rato, ya habíamos llegado y charlábamos con su amigo, quién mientras hacía su propia manteca, me comentaba sus experiencias con la vida salvaje del país. Como soy un loco amante de los animales, había pescado algo de información unas semanas antes que en Eslovaquia es posible ver osos y si se tiene buena suerte (o mala), lobos. Eso me hizo fantasear un tiempo con ver algunos de lejos, mientras cruzaba a dedo la nación. Aquellos personajes de bosques misteriosos que sólo leíamos en cuentos infantiles cuando éramos chicos acá son una realidad. Toda mi atención estaba enfocada en sus historias y experiencias de encuentros con estos depredadores, y lamentablemente no todas fueron felices, menos para las ovejas.

Con Martin, Patricia, y el granjero de pantaletas rojas que no me acuerdo el nombre.
Con Martin, Patricia, y el granjero de pantaletas rojas que no me acuerdo el nombre.

Mi visita a Eslovaquia fue fugaz, pero me llevo un hermoso recuerdo de su gente y su naturaleza. Quizá vuelva cuando esté más tibio.

Fin de Eslovaquia y camino a Budapest.
Fin de Eslovaquia y camino a Budapest.

¡Gracias!

2 thoughts on “Eslovaquia: historia turbulenta, castillos y una de Hollywood

  1. Hola Benji, estoy orgulloso de que has cruzado mi pais y te gustó, además, tuviste la suerte conocer buena gente!! Un abrazo

    1. Hola gran amigo! Pensé que te había respondido este mensaje, pero por lo visto no sucedió. Gracias y me alegro que te haya gustado. Sí, muy buena gente conocí, me encantó.
      Abrazo fuerte desde Turquía.

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