La bárbara Alemania bávara

La bárbara Alemania bávara

El último conductor que me levantó y me dejó en mi destino final, el pequeño pueblo de Roding, fue Machuk, un ghanés que hace más de 20 años que vive en Alemania. Se presentó como Erik, pero yo insistí en saber su verdadero nombre. Es común el cambio de nombre en extranjeros por incapacidad de los locales de aprender y memorizarlos. Vino como refugiado, se adaptó, tuvo familia, y consiguió un buen trabajo. Pero un día se dio cuenta que el llamado de sus raíces africanas era más fuerte que toda la seguridad y confort que el país germano le podía dar. Sin quejarse de los beneficios económicos que le da Europa y siendo un agradecido por eso, me compartió lo difícil que es vivir en una sociedad donde cada uno piensa de manera individual y no en conjunto y ayudándose mutuamente como una gran tribu en la que fue criado. Justamente por eso me levantó de la ruta, como acto de solidaridad de hermanos del mundo mientras yo esperaba con el pulgar a mi chofer de turno.
Muchas veces, uno valora su lugar de origen cuando se está afuera, lo sé.

Un gran maestro de la vida y mi último salvador de aquel día a dedo.
Un gran maestro de la vida y mi último salvador de aquel día a dedo.

Acabo de entrar al distrito más grande de Alemania, Baviera. Me encuentro en el sudeste del país y muy cerca de la frontera con República Checa. Estoy en Roding y me acabo de juntar con Isa, una gran amiga que conocí en Australia unos años antes. Es un personaje muy lindo, lleno de amor, energía y demasiada vibra positiva. Una linda “hippie” que anda descalza por la vida y quién me acaba de recibir con un gran “jaleluia”, con la jota bien marcada como consecuencia de su paso por tierras árabes unos meses antes.
Como a muchos viajeros no pasa, ella me compartió que le está costando unir sus dos lados armónicamente: el nómade y el del hogar. Cuando se viaja, se descubre, se expande y se aprenden conocimientos que ayudan a uno a enriquecerse al moverse. Ahora, al momento de bajarse de esa “dimensión” y volver al nido por unos meses, es cuando nuestro espíritu libre y sin límites debe ajustarse a una realidad de la que nos habíamos ido hace mucho. Podría hasta decir que nos escapamos de ella inconscientemente.

En ese momento es cuando se produce el quiebre emocional y se desatan tormentas incontrolables dentro de aquel nómada que se mueve con libertad y soltura por el planeta. El mismo que pensó que había logrado encontrarse a sí mismo hace mucho en tierras exóticas y peligrosas. Pues, no solamente no es así, sino también agrego que esas explosiones en nuestro ego son las que nos enseñan lecciones mucho más interesantes.
Y como medida de respeto hacia nuestras familias, no podemos atropellar sus puntos de vista con nuestros nuevos pensamiento y opiniones si del otro lado no hay retorno, porque sencillamente no todos están listos para escuchar las lecciones que el mundo sólo le dio a uno. Es total responsabilidad del viajero adaptarse siempre, todos lo sabemos, ya sea allá afuera o en casa.
Por esa razón, vi la situación de Isa como reflejo de la mía y eso llevó a charlas eternas dentro de una simbiosis de terapia mutua.
Quizá debería dedicarle un post exclusivo a este tipo de reflexiones algún día.

Con Isa desde la torre del castillo de Falkestein.
Con Isa.

Bueno, luego de esa catarsis y volviendo al relato, les cuento que Roding es un pueblito pintoresco, tranquilo, ordenado, con sus calles angostas, desniveladas, empedradas y no aptas para bicicletas de carrera porque te podés matar. Construcciones que tienen el triple de vida que mi país frecuentan sin ser museos y muchas aún habitadas. Es como caminar de vuelta al pasado en épocas medievales.

En su plaza principal se encuentra la iglesia, que como la mayoría de las de Baviera, posee un estilo barroco bien asentado con su cúpula en forma de cebolla.

Roding
Roding

Desde algún punto alto se observa los techos de tejas rojizas que pintan el paisaje inmediato hasta que es interrumpido por el verdor del gran bosque bávaro que nos rodea majestuosamente por toda la extensión. Éste y el bosque negro, también dentro de Baviera, son los dos principales de Alemania, mientras que la unión del bávaro con el checo, del país vecino, conforma el mayor de toda Europa.

Techos de tejas y naturaleza envolvente.
Techos de tejas y naturaleza envolvente.

Baviera fue nombrada así por la tribu celta que frecuentaba la zona, los Boyos, y se piensa que de ahí también viene el término Bohemia, hoy región oeste de República Checa.
Hace mucho fue un reino aparte, pero cuando lo invadieron los germánicos, entre cientos de otras tribus, fue cuando comenzó a tener forma la actual Alemania. Eso se llama resumir la historia en pocas líneas.
Hoy hay rumores que hablan de separarse del resto del país. Baviera se considera autosustentable con sus recursos e industrias. Es interesante ver como se unen y se separan los territorios a lo largo de la historia y el presente.

Luego de pasear por Roding, visitamos Cham, su localidad hermana y con un poco más de desarrollo urbanístico. El camino entre medio fue sinuoso, con campos verdes, lomas y castillos medievales que observan desde las alturas.
En Cham hay aún más edificios antiguos y muchos con frescos en sus frentes, representando momentos bíblicos, combates y partes de la historia del pueblo, como una historieta de 600 años pintada en las paredes.

En Cham.

Luego de chusmear un rato y fotografiar esas callecitas empedradas que son tentaciones para mi cámara de fotos, fuimos con Isa a buscar comida gratis. ¿Alguna vez se preguntaron cuánta comida puede sobrar de los supermercados? Bueno, en Alemania existe una fundación que se llama Tafel, la cual recibe comida a punto de vencer de estos negocios que ya no pueden vender y se entrega a ciudadanos alemanes sin trabajo, como mi amiga, y a refugiados de la guerra, principalmente sirios. En Berlín, München, Frankfurt, y otras ciudades grandes es tanta la cantidad de comida que se recolecta que inclusive se entrega a extranjeros sin ninguna autorización ni papel.
Luego de esperar un rato afuera desparramando “salai ma leikum” a todos nuestros nuevos amigos que acaban de escapar de la guerra, nos hicieron pasar. Adentro hay una persona que trabaja como voluntario y quien te hace un tour por la despensa preguntándote que es lo que querés. No hay límites y se puede agarrar desde verduras, frutas, quesos, cereales, y hasta nos llevamos un aceite de trufa que cuesta más que toda la ropa que llevo puesta. Es impresionante ver la cantidad que había, es más, no creo que se haya podido entregar todo ese día y mucho puede haber terminado en la basura, eso me parte el alma. Una vez más confirmo por experiencia propia que en el mundo no falta comida sino consciencia.
Fue como revivir las buenas épocas de Dumster Diving en Dinamarca, pero con alguien que te va guiando por los distintos rubros.

"Jaleluya"
“Jaleluya”

También visitamos Falkestein con su elevado castillo en el medio del pueblo y desde donde tuvimos una deslumbrante vista del bosque bávaro y su naturaleza envolvente, mientras el sol hacía su parte en un atardecer que me hizo agradecer por ese momento vivido.

Desde la torre del castillo de Falkestein (y no Frankestein).
Desde la torre del castillo de Falkestein (y no Frankestein).

Y claro, también le pagamos una visita a la gran ciudad de la región, Regensburg. Luego de días paseando por aldeas y pueblos y casi sin contacto humano, de repente nos vimos rodeados por hordas de turistas que parece que te arrastraran por las calles peatonales, en una especie de río caudaloso en el que es difícil parar o salirse.

Regensburg y el río Regen.
Regensburg y el río Regen.


ALGUNAS CURIOSIDADES BÁVARAS

-En muchos pueblos de Baviera aún se conservan largos postes de madera, con astas horizontales llamados Maibaum, que en la Edad Media sirvieron para anunciar con figuritas en el palo, los distintos negocios de la villa.

Un Maibaum en Cham.
Un Maibaum en Cham.

– Cerveza: un componente central de la gastronomía bávara es la birra y justamente el Festival de Octubre (Oktoberfest) es acá mismo. Acá saben del tema por lo que tradicionalmente, su pureza estuvo regida por una serie de normas establecidas por el Duque de Baviera en 1516, según la cual la cerveza puede contener únicamente tres ingredientes: agua, cebada y lúpulo. En 1906 esas normas se convirtieron en ley, pero siendo abolida a finales del siglo XX por incompatibilidad con las leyes de la Unión Europea.
Y acá les va una historia un poco más interesante: hace mucho tiempo, a un grupo de curas bávaros se les ocurrió hacer ayuno, sin consumir absolutamente nada por un mes, salvo cerveza (imaginen el estado y las panzas de esos cuerpos). Y como suele pasar, siempre tiene que haber alguien que corte la fiesta. Cuando el Vaticano se enteró, mandó desesperadamente a pedir varios barriles de aquel líquido burbujeante para ver de qué se trataba y considerar un castigo o no para nuestros amigos gorditos y pelados, porque así me los imagino ahora mismo.
La carreta y su cargamento tardó meses en llegar Roma y para entonces la cerveza ya se había pasado y era intomable. Cuando el Papa de turno la saboreó y se le desfiguró la cara del asco, entonces decidió aprobar este llamativo método de autocastigo que los bávaros practicaban.
Y aunque les parezca mentira y me quieran tirar con algo, no probé ni una cerveza en mi estadía por Baviera. Quizá como balance natural por lo que tomé antes y lo que vino después (¿vino? Sí, también).

¡29 centavos de euro el medio litro de cerveza!
¡29 centavos de euro el medio litro de cerveza!

-Seguramente cada vez que piensan en un alemán tomando cerveza se les viene a la cabeza un hombre con un overall corto, medias largas hasta donde den, zapatos y gorrito con una pluma atravesada. Bueno, ese ropaje tan peculiar es típico de Baviera y todavía se pueden ver algunos por ahí. Este traje se llama Tracht y en él se distingue el Lederhose de los hombres y el Dirndl de las mujeres.

¡Hay equipo! ...para tomarse toda la cerveza.
¡Hay equipo! …para tomarse toda la cerveza.

-Kneipp: se trata de una práctica que sirve para mejorar la circulación de las piernas al caminar sobre agua termal helada. Comenzó en Baviera de la mano de Sebastian Kneipp y hoy se encuentra en cualquier parte de Alemania. La técnica consiste en caminar alrededor de una de estas piletas, levantando una pierna mientras la otra está en el agua. La idea es que la circulación sanguínea se active por el cambio de temperatura al meter y sacar las extremidades del agua fría.
Fuimos a uno en Falkestein y otro en Roding. Los carteles que los anuncian son marrones y dicen “kneippanlage”.

Ilustración explicativa de cómo se hace.
Ilustración explicativa de cómo se hace.

-Su acento: que a veces parece otro idioma. Lo único que aprendí a decir fue “servus”, que significa tanto “hola” como “chau”. Ahora ya saben cómo saludar si pasan por Baviera.

-La personalidad de los bávaros: se distingue del resto de los alemanes por ser mucho más conservadores, en especial comparados a los berlineses donde la apertura a tendencias, moda y cultura crea un polo aparte en el mismo país. Una amiga que visité en Berlín me dio el ejemplo de lo que sería salir a la calle en pijama en su ciudad, donde no sólo no le importa a nadie, sino que hasta puede llegar a ser una nueva tendencia del vestir. Mientras que en Baviera sería todo lo contrario. Justamente esto es por lo que a Isa le cuesta volver a adaptarse a esa sociedad tan conservadora y prejuiciosa.

Con Isa, John y Elfi, tres bávaros fuera de lo común.
Con Isa, John y Elfi, tres bávaros fuera de lo común.

Desde Baviera decidí cruzar a República Checa y sin saber, lo hacía un 3 de Octubre, aniversario de la unificación de Alemania. Mientras Isa me llevaba en su auto a la frontera, no sólo observaba las últimas secciones del bosque bávaro, sino también de la lluvia que caía como baldes y que en lugar de preocuparme para hacer dedo, me hacía recordar las palabras de mi viejo: “la lluvia limpia y es símbolo de buen augurio en una partida”.
Con eso me fui satisfecho de mi visita por Alemania… y hasta la próxima.

Auf Wiedersehen!
Auf Wiedersehen!

 

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