De invitado en una boda hindú

De invitado en una boda hindú

Los casamientos que alguna vez presencié en Argentina nunca llegaron a superar en cantidad a los dedos de una mano y tampoco soy alguien encantado por estos festejos. Pero un día me llegó la invitación (sin tarjeta) para la boda más increíble, populosa, larga, calurosa y colorida que jamás viví. No sólo sería una simple boda hindú como en el resto de India (que de simple no tienen nada), sino que además venía con el agregado de tener lugar en el Estado de Punjab, donde los encuentros nupciales son conocidos a lo largo y ancho del subcontinente indio por la intensidad de sus festejos.
Estamos en septiembre y nos encontramos en plena temporada de casamientos de la India, donde los novios no son quienes eligen la fecha, sino el buen augurio de una determinada época del año.

NAMASTÉ AMRITSAR…
Llegué a la ciudad Amritsar en un caluroso día de finales de Septiembre del 2014 en el tren Shane Punjab, proveniente de Delhi. Fueron 8 largas y pegajosas horas de viaje apretado a multitudes curiosas que se iban renovando en cada parada. Por suerte no era mi primer viaje en tren en el país, y eso creó una sobrenatural paciencia en mí para sobrellevar los cachetazos de India. Tampoco podía reclamar mucho confort en el vagón general (lo más barato que existe) y por menos de 3 dólares.
Era mi primera vez en el extremo oeste de la India y muy próximo a la frontera con Pakistán.
Mientras camino por las calles ruidosas y polvorientas, esquivando choferes de auto rickshaws (motitos con techo y de tres ruedas) que se te acercan como moscas a una cuchara de miel, empiezo a observar cada vez más turbantes que envuelven cabezas. Claro, estoy en el Estado donde se concentra la mayor cantidad de seguidores del Sijismo y a pesar de haber vistos varios por Delhi, aquí es al por mayor.

Policía Sij.
Policía Sij.

Y también cabe destacar que por esta parte se encuentra su edificación religiosa más grande e importante, el Templo Dorado. La presencia de los Sijs, algunos con sus largas barbas atadas en su cabeza y tapadas por turbantes, me reflejan tranquilidad y una sensación de honestidad que no suele frecuentar mucho por las calles del resto del subcontinente.
“Si recién llegas a India y no sabes que taxi tomar, súbete al que tenga un Sij como conductor”, me compartió un amigo local como sabio consejo en mi tercera visita al país. Algo de razón puede tener, pero tampoco es para tomárselo tan en serio.

El gran Templo Dorado del Sijismo.
El gran Templo Dorado del Sijismo.

Al otro día me encontré con mi gran amigo argentino, Javier y su novia holandesa, Rashma, para luego ser recogidos por Ajay, el futuro esposo. Javi es más cercano a Ajay de lo que yo soy y fui invitado gracias a él. Todos nos conocimos unos años antes en Rotorua, Nueva Zelanda, donde se crearon lazos de amistad que perduran en el tiempo y con resultados fabulosos como el que estábamos por vivir en horas.
Con el aire acondicionado del auto tosiendo del esfuerzo, allá fueron los tres extranjeros caprichosos a probarse los atuendos tradicionales para la gran fiesta. Llegamos a la casa de la modista y con ayuda de Ajay, pudimos entendernos sobre talles, colores, y otros detalles de la moda india. Primero fue probarse el saco de una tela sintética que te hace transpirar de sólo verlo. Estos son largos hasta las rodillas, botones a la vista y con detalles decorativos en un estilo indo-europeo. Pantalones negros apretados abajo y sueltos arriba acompañan mis “zapatitos” de cuero y comunes de estas zonas desérticas del oeste. Por aquí es dónde se crea una amalgama entre India y Medio Oriente, ya sea en ropa, comida, arquitectura y religión.

Probando los atuendos con el gran Ajay.
Probando los atuendos con el gran Ajay.

 

Las llantas, dirían en Córdoba.
Las llantas, dirían en Córdoba.

PRIMER DÍA/NOCHE
Esa noche llegamos a la casa del novio, en la ciudad de Dinanagar, a unos kilómetros de Amristar. La familia nos recibió, como todos los indios lo hacen, con la excepcional hospitalidad que los representa. Siempre atentos a nuestros movimientos y posibles necesidades. ¡A malcriarnos se ha dicho!
La casa es enorme para el estándar indio, con un patio central y puertas que lo rodean. Algunas de estas dan a la cocina, otras al comedor y muchas más a incontables habitaciones. También cuenta con una segunda planta donde se encuentra nuestro cuarto entre otros habitáculos. Los baños están afuera: uno al estilo indio, con un hueco en el piso o letrina, y otro separado con inodoro tipo occidental. Una casa bien amplia y espaciosa que me hacía acordar a la serie de TV Los Benbenutto.

El patio de la casa.
El patio de la casa.

Mientras cenamos incontables platos que aterrizan sobre la mesa, suaves voces de mujeres emergen desde el patio. Al finalizar el banquete, invitaron a Rashma a sumarse al coro femenino con sus coloridos saris y sentados sobre el suelo. Los tonos eran alegres y muy sutiles, dando a conocer que había comenzado la primera noche oficial de festejos prenupciales. A Javi y a mí nos hicieron bailar casi en contra de nuestra voluntad y sin saber todavía lo intenso que se vuelven las fiestas punjabi.

¿Quién encuentra a la holandesa?
¿Quién encuentra a la holandesa?

SEGUNDO DÍA/ NOCHE
Quizá sea más acertado simplemente enumerar y titular la cantidad de noches, pero reconozco que las actividades diurnas fueron también grandes protagonistas.
El calor matinal ya sacude tan pronto el sol supera la línea del horizonte. Eso, más el despliegue de voces de la familia y vecinos abajo, obligan a uno a despertar bien temprano. Al bajar por la escalera es seguro que todos dejan de hacer sus quehaceres y prestar atención a estos tres visitantes de piel y cabello tan claros, salvo Javi, que se camufla muy bien entre indios, griegos, italianos, argentinos, etc. Sonrisas amplias vuelan por el aire al vernos, y somos recibidos con té chai caliente en vasos de vidrio. Se lo acompaña con panes planos o chapati recién hechos y una varieté de vegetales cocidos y especiados. La casa tiene un rincón con la estricta y única función de hacer estos deliciosos y siempre presentes discos  de harina y agua.

El rinconcito del chapati.
El rinconcito del chapati.

Durante todo el día no hicimos más que charlar con los vecinos curiosos que venían en grupos a conocernos. Casi nadie de ellos habla inglés, pero distinguimos palabras como “Arguentina” (con una suave“g”), “Maradona” y “Messi”. Todas anexadas a sonrisas inmaculadas y ojos redondos pendientes de cada una de nuestras acciones. El alto nivel de curiosidad india sólo se iguala a su humildad e inocencia. El rumor que había 3 extranjeros en el barrio cada vez crecía más y así nuestro cansancio. Al cabo de unas horas abajo, decidimos retirarnos/escabullirnos hacia nuestra habitación y recluirnos un buen rato.
Los golpes a nuestra puerta para vernos un rato más se hacían repetitivos y tortuosos. No entendían la idea de que la puerta esté cerrada con llave. Su ingenuidad los ciega en el arte de ponerse en el lugar del otro y respetar espacios y momentos. Pero en momentos así, no queda otra que dejarse llevar.

Siempre cerca y siempre con buena onda.
Siempre cerca y siempre con buena onda.

Esa noche hubo algo de música y baile casi obligatorio. El sonido era emitido desde una pequeña pero poderosa radio. Los jóvenes bailaban como si estuvieran en un mega concierto. Nuestras excusas por no bailar y descansar se disolvían en su insistencia, como una cucharada de azúcar en un tanque de agua.

A bailarla...
A bailarla…

TERCER DÍA/NOCHE
Otra jornada de calor genuino comienza. Entre las mejoras decorativas del día, fue poner una tela tipo media sombra para refugiarnos de los temibles rayos del sol. Lo siguió un altoparlante en forma de cono y de una antigüedad de colección que emite sonidos indistinguibles. Era un día importante, el gurú de la familia (y del barrio) se iba a presentar para bendecir la casa y la unión de aquellos dos seres que todavía no se han visto. ¿Qué? ¿Los novios todavía no se vieron? No, hace rato que no, es más, quizá lo hicieron por última vez cuando eran niños. Las bodas arregladas todavía existen en India, y en gran número.
En este país existen dos tipos de casamientos:

Por amor: es cuando dos seres deciden unirse luego de un período de conocimiento mutuo. Muy común en el resto del mundo, en especial en el occidental.

Arreglado: es el caso en donde las familias de los jóvenes deciden con quién, él o ella, deberá pasar el resto de su vida. Aquí la consigna es distinta: dos seres se unen sin saber absolutamente nada del otro para que puedan conocerse durante el transcurso de sus vidas.
El sistema de castas es uno de los condicionantes más importantes en esto, conjuntamente a intereses económicos y de alianzas entre familias. De alguna manera, yo lo veo más como una boda entre la parentela que entre los novios. Un concepto muy diferente al occidente pero que no deja de ser interesante en comparación a nuestras costumbres.

El gurú de la familia al fondo y en pleno discurso. Nótese el espacio que separa a mujeres de hombres.
El gurú de la familia al fondo y en pleno discurso. Nótese el espacio que separa a mujeres de hombres.

La tradición dice que en este día hay que cocinar e invitar a comer a los vecinos de la zona y de esta manera dar a conocer aún más, que la boda se aproxima. Todo se trata de compartir y disfrutar de algo que es muy esperado por cada miembro de la familia.
El menú: arroz con lentejas (dhal). Cantidad de comensales: unos 200 aproximadamente. Se contrató cocineros únicamente para esta función.

Se me hace agua la boca.
Se me hace agua la boca.

Esa misma noche hubo música y baile. El sonido salía del baúl de un autito marca TATA a máxima potencia, alcanzando la saturación de sus parlantes sin molestar a los bailarines espontáneos. Si hay algo que les gusta a los punjabis, es bailar. No paran de moverse, saltar, y sacudir sus brazos junto al constante giro de sus muñecas. Rashma, Javi, y yo nos acoplamos un rato, más por una cuestión de respeto y no desilusionar a nuestros anfitriones que por gusto propio. Parece que los 40°C nocturnos no les afectan tanto como a nosotros. La frase “dónde fuerais, haz lo que vieras” (o algo parecido), fue algo que me costó ponerlo en práctica durante las sesiones de baile. Imposible seguirles el ritmo y estado físico. Cada escape a descansar era seguido por aluviones de manos que te querían sacar a danzar ya en contra de tu voluntad. Una vez más, su ingenuidad supera ampliamente el entendimiento del otro.

Tengo menos ritmo que terminator.
Tengo menos ritmo que terminator.

CUARTO DÍA/NOCHE
Despertamos temprano, pero nunca antes que nuestros anfitriones. No importa que tan tarde o temprano sea, siempre habrá alguien cocinando, limpiando, o simplemente pasando el rato.
Luego de almorzar, Ajay y su padre nos invitaron a un templo que queda en las proximidades. El casorio es algo sumamente importante en India por lo que las bendiciones nunca sobran. Dejamos ofrendas a los avatares Hindúes y del Sijismo entre devotos curiosos por nuestra presencia y nubes de incienso. Si hay algo que me llama poderosamente la atención es cómo fusionan las religiones en algunas partes de esta tierra. A pesar de ser más de mil millones de habitantes en un territorio multi religioso, logran vivir en un tipo de paz que creo sería imposible sobrellevar en otras partes del mundo. Hinduismo, Budismo, Cristianismo, Islam, Jainismo, Sijismo, entre las más conocidas, sin contar las tribales y cientos de otras que no se encuentran en la calle principal. Todas en un mismo lugar. ¿Imaginan esa cantidad de gente en Estados Unidos, Australia, Argentina, o cualquier otro país de tamaño similar? Y más aún, ¿imaginan tantas religiones en cualquiera de estos países? Me saco el sombrero que no tengo por la ¡Increíble India!

Con Ajay y su padre saliendo del templo.
Con Ajay y su padre saliendo del templo.

Las horas pasaron y la noche punjabi nos envolvió. Era momento para que otro festejo comience en la casa y para que nosotros nos vistiéramos para la ocasión. Con muchas ganas y casi capricho de vestirme como ellos, me prestaron un Kurta Pijama, un pantalón blanco de algodón y una camisa larga de la misma tela. El atuendo perfecto, fresco y agradable para una noche agobiante. India es uno de esos países donde los extranjeros vienen a vestirse y a veces a disfrazarse de una manera que les sería imposible en sus países de orígen. Ser de afuera te autoriza a romper con las doctrinas de la moda internacional sin problemas a que te miren prejuiciosamente.

De kurda pijama "party".
De kurda pijama “party”.

Un sonido fuerte y  repentino nos obliga a romper con nuestras charlas y girar nuestras cabezas en dirección al patio central. Es la noche del festejo religioso y han invitado a una banda a que ya comenzó a tocar. Uno de sus miembros se encarga de la percusión con golpes certeros, otro se podría decir que canta, y los acompañan dos más: uno le pega a una vasija de metal con un palo y el otro hace impactar dos largas varillas con un sonido metálico que hace difícil entender la melodía. El cantante emite sonidos que son transmitidos con una distorsión extrema por los parlantes con forma de embudo y que sospecho son de la misma época de cuando se construyó el Taj Mahal. No parece haber un cierto orden en sus temas y parece una improvisada Jam Session de sonidos metálicos y cantos religiosos con la que la gente no para de bailar y saltar de alegría. Cerca de ellos y en un rincón, hay una mesa baja con cuadros de Lord Shiva, Gurú Nanak, y otros seres que vigilan la ceremonia envueltos en luces de estilo navideño y pétalos de flores.
A las tres de la mañana nos fuimos a dormir totalmente rendidos por el calor y el cansancio pensando que el festejo estaría por terminar…

Se armó el descontrol.
Se armó el descontrol.

Algo que nos llamó la atención esa noche fue ver a la gente arrojar dinero al aire mientras bailaban. De alguna manera creo que representa la abundancia del porvenir, quiero pensar. En una noche normal nos contaron que se puede lanzar al viento unas 3000 rupias (40 USD aproximadamente) y que son recogidas del suelo por niños que vienen con la banda. Como si fuera una propina para los músicos, también.

Las rupias voladoras.
Las rupias voladoras.

QUINTO DÍA/NOCHE
Nos despertamos medianamente temprano para aprovechar el leve y tan deseado frescor de la matina, cuando vemos que los músicos recién se están yendo y los invitados se retiran a reposar. Algunos de ellos tienen tantas ganas de vernos que se quedan para desayunar con nosotros y hacernos compañía hasta desmayar del sueño.
Con algunos sobrevivientes, ese día fuimos al centro de Dinanagar para comprarle un vestido a la futura esposa, Sonia, y por suerte fuimos asistidos en seleccionar al indicado entre océanos multicolores de tipos de sedas y en los que puede ser muy fácil naufragar.

En la quinta jornada nocturna se contrató a un DJ con un sistema de audio superior a lo visto hasta ahora. Con Javi y Rashma observábamos como la calidad de sonido era notablemente exponencial como así también la intensidad de cada noche. Al comienzo fue el canto de un grupo de mujeres, luego desde una radio, en la siguiente luna fue desde un auto, después la banda y ahora eran torres de modernos parlantes que hacían vibrar el suelo en una escalada de festejos que no parecía tener límite.

Acá se baila todas las noches.
Acá se baila todas las noches.

Luego de bailotear un rato, nos sumamos a otra tradición de esta y muchas otras bodas: marchar por entre las calles del barrio anunciando e invitando a todo vecino a la próxima unión que iba a suceder al día siguiente. La costumbre consistía en visitar el frente de algunas casas, aleatoriamente supongo, bailar un rato hasta que salgan sus propietarios, se sumen y así continuar con esta congregación al próximo hogar.

Las calles del vecindario.
Las calles del vecindario.

En cada una de estas paradas se selecciona a una mujer del grupo y se le coloca en la cabeza una especie de turbante metálico con mezcla de torta de cumpleaños, mientras todos bailamos alrededor.

SEXTO DÍA/NOCHE
No hubo mucha actividad destacable durante el día, salvo visitar el fondo de la casa donde tienen tres búfalos. De ellos se extrae una leche de alto contenido graso, útil para hacer el refrescante Lassi, un tipo de yogurt bebible y también se usa el estiércol como combustible para cocinar.
A la noche largamos con la primera de las últimas dos noches de esta súper boda. Fue en un salón con un gran parque y donde hubo sólo 600 invitados, un encuentro muy íntimo y pequeño para India, según nos dijeron. Les respondimos ese dato con cara de susto y los ojos bien redondos al imaginar unas 2000 a 3000 personas en cualquier otra fiestita como esta.
Esta fue la primera noche que los novios se vieron después de cinco días de festejos por separado

Los novios.
Los novios.

Hubo comida y bebida a granel. Lo mejor fueron los paneer (tofu) asados con salsa barbacoa, casi me empacho.

Mamita querida, que locura ese tofu asado...
Pero por favor, que locura ese tofu asado…

Nos pareció que por la zona no frecuentan los extranjeros, y menos con el pelo de Rashma y el mio. Fuimos sensación casi por encima de los novios. Había una fila para sacarse fotos con ellos dos y del otro lado del complejo algo parecido pasaba con nosotros. Era pura fiesta, alegría y disfrutando algo tan particular como este tipo de ceremonias únicas del mundo.
A pesar de semejante despliegue, la fiesta sólo duró 4 horas y para las 12 de la noche ya estábamos pegando la vuelta a la casa, a pocos kilómetros de distancia.

Sesión de fotos.

SÉPTIMO DÍA/NOCHE
A la media mañana hubo un encuentro de vecinos y familiares en la casa de Ajay (y sin la novia). En este nuevo ritual para nosotros tres, el novio se sienta en cuclillas y en pantalones cortos, para que la gente vaya desfilando a su alrededor y le desparrame una especie de pasta de mostaza por todo su cuerpo. También participamos de la juntada pero sin entender muy bien qué estábamos haciendo. Al rato, entre varios bañamos a Ajay y nos preparamos para la última y gran noche de festejos.

El baño de mostaza.
El baño de mostaza.

Esa noche todos nos pusimos nuestros atuendos ceremoniales y hubo otra congregación en el patio de la casa. Creo que nunca tuve un vestuario tan variado y diferente cada día, y aclaro que nada fue mío, todo prestado. Ajay, además de su ropa nupcial llevaba un sable envainado y también un chaleco de billetes que lo usó durante toda la jornada. Lo interpretamos como símbolo para que no se quede sin plata y tenga abundancia junto a Sonia. Sentado y apuntado por las cámaras, fue alimentado en la boca de a bocados por cada uno de los presentes, inclusive nosotros que nos apuntábamos en todas. No entendimos bien la razón, pero aunque lo hiciera, debería escribir uno o dos posteos aparte para poder explicarlos.

"¿Así está bien?"
“¿Así está bien?”

Y para allá fuimos. El novio salió de la casa en caballo blanco y nosotros como fieles devotos, lo seguimos incondicionalmente por las callecitas angostas del barrio. Alrededor música, fiesta, baile, y nosotros, que no entendíamos nada.

Llegamos al mismo predio de la noche anterior pero con más gente. Ajay hizo un tramo en caballo y otro en carreta ultra decorada hasta el último detalle. Sonia aparece al rato como una obra de arte. Su rostro era un decorado aparte. A pesar de la gran cantidad de piercings faciales, destaco el que une una de sus fosas nasales con el lóbulo de una de sus orejas a través de una cadenita dorada. Las joyas que lleva son incontables tanto en su cabeza como en el vestido. Y este último nos dijeron que está tan cargado que pesa más de 7 kilos.

Por suerte para ella, la mayor parte de la noche la pasan sentados recibiendo bendiciones de los invitados y posando para las fotos, sino, yo creo que fácilmente te desmayas con semejante calor.

Javi, Ajay, Sonia, Rashma, y el colado.
Javi, Ajay, Sonia, Rashma y el colado.

Fotos con todos y por todas partes, mucha más comida deliciosa y pura bailanta en la pista central.
Usar el ropaje tradicional fue glamoroso, pero por favor, creo que bajé 3 kilos por lo que transpiré.

DSC_0604

ES MOMENTO DE PARTIR…Y NO LA TORTA
Luego de una semana entera de puro festejos, rituales y alegría, llegó el momento de seguir viaje. Fue una experiencia increíble y muy intensa. Esta gente realmente sabe lo que es festejar y lo hacen sin parar. Para ellos es tan importante la unión de dos personas que lo dan todo. Para nosotros fue una sobredosis de celebraciones y a pesar de lo afortunados que nos sentíamos de presenciar algo así, también llegamos a estar muy agotados y con ganas de ir finalizando.
Nos hicieron sentir parte de la familia durante toda nuestra estadía y tengo que decir que aquella despedida fue bastante difícil para todos, y aún más cuando brotaron las primeras lágrimas en los bondadosos ojos de nuestros anfitriones. Nos fuimos con nuestras mochilas, felices de haber conocido gente tan linda que no sólo nos malcrió, sino que también nos permitió ser parte de su círculo íntimo durante uno de los festejos más importantes que practican.

Namaste.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *