Cómo vivir (casi) gratis en Melbourne

Cómo vivir (casi) gratis en Melbourne

¿A quién no le gustaría vivir y trabajar en una ciudad gratis?
Bueno, a nosotros nos encantó poder cumplir con esa vaga idea que alguna vez nos planteamos. Por eso te cuento que es algo posible de hacer, siempre y cuando tengan un auto. Y esto se puede inclusive en una ciudad como Melbourne, considerada como la más atractiva y segunda más grande de Australia. Vivir casi sin gastos parecía una utopía, pero al final no lo fue.

Melbourne.
Bienvenidos a Melbourne.

Era principio de febrero del año 2014 y nos habíamos propuesto ir a trabajar a la ciudad reduciendo gastos al máximo en comida, alojamiento y transporte; considerados los tres pilares de costos fijos en toda vida asentada.
Habíamos vivido y cruzado gran parte del desierto o outback sin multas y ahora era hora de probar nuestras capacidades de adaptación en la gran urbe. (Y si te interesa saber cómo nos equipamos, chequeate también esto)

Al principio no fue fácil, ya que nuestro plan era demasiado ambicioso de concretar y más al corto plazo. Era mucha logística para acomodar en tan sólo tres meses. Debíamos buscar donde estacionar gratis de manera extendida, encontrar trabajo, y (claramente) también disfrutar un poco.
Debo decir que todo esto se dio por ya tener la furgoneta, de otra forma hubiera sido diferente.

BUSCAR UBICACIÓN PERMANENTE PARA TRES MESES
Primero necesitamos un lugar donde estacionar sin pagar por ello. Recuerden que lamentablemente es ilegal dormir en un vehículo en la vía pública, sin embargo, siempre se pueden encontrar  oasis libres de parquímetros, como playas, parques y zonas residenciales. Recomiendo pasear tranquilos en su auto, visitando los suburbios de la ciudad y en especial los espacios verdes. De esta manera, no hará falta alejarse tanto del centro, donde hay más oportunidades laborales.

El Luna Park de Saint Kilda. Nunca entramos: muy caro :)
El Luna Park de Saint Kilda. Nunca entramos: muy caro :)

Al comienzo vivimos una semana por la zona playera de Saint Kilda sin un lugar fijo y seguro para pernoctar.  Ni lentos ni perezosos manoteamos la oportunidad de comprar dos bicicletas en una venta de garaje (35 dólares las dos) con la idea de estacionar la van en un punto semipermanente y pedalear por los alrededores.

Con dos nuevas adquisiciones.
Con dos nuevas adquisiciones.

Y la cosa empezó a tener forma. En una de las incursiones de reconocimiento zonal, descubrimos los jardines Saint Vincent en el barrio de South Melbourne. Luego de unas vueltas de escaneo con caras de “hola, estamos paseando”, confirmamos que cumplía con todos los requisitos que buscábamos: sin parquímetros ni carteles que prohíban estacionar, ninguna otra furgoneta o auto con gente durmiendo, baños abiertos las 24hs, y poca circulación humana y vehicular. Como plus había un gran espacio verde y bien mantenido. Era el lugar soñado por los dos.
Ese mismo día buscamos las bicicletas en Saint Kilda y nos “mudamos” a South Melbourne.

De mudanza...
De mudanza…

Ahora era cuestión de testear el medio ambiente con nuestra presencia. Ver cómo reaccionan los vecinos a una van coloreada frente a sus casas. Podríamos haber tenido una furgoneta toda blanca, o también las que alguna vez fueron usadas por un plomero y todavía cuentan con esos plotters atrás, ayuditas de camuflaje que vienen bien en una ciudad. Nosotros eramos todo lo contrario, nos faltaba un cartel de luces de neón con forma de flecha que diga “aquí hay gente durmiendo”.
Otro dato que no ayudó en nuestro camuflaje citadino fue estar rodeados de autos de alta gama estacionados cerca nuestro. Estábamos tratando de ser invisibles en uno de los barrios más exclusivos de Melbourne con un cráneo de oveja atado al paragolpe, por ejemplo.

Les prometemos ser vecinos respetuosos.
Les prometemos ser vecinos respetuosos.

RUTINA Y ARTE DE LA INVISIBILIDAD
Para no molestar con nuestra presencia, tomamos algunos recaudos que luego se convirtieron en rutina durante aquellos tres meses.
Al despertar para ir a trabajar (5 am por lo general), abro la puerta corrediza con extrema suavidad, me calzo con cepillo de dientes en mano y me deslizo como una sombra hasta los baños del parque, las 24hs abiertos. Luego, desato la bicicleta de donde esté oculta, por lo general de entre los arbustos del parque y no tan lejos de nuestro vehículo. Hago un nuevo paneo de posibles testigos y me voy pedaleando una vez más para ganarme el pan de cada día.

Saint Vincent Gardens, el patio de casa.
Saint Vincent Gardens, el patio de casa.

Ari despierta más tarde y hace la misma rutina con algunos leves cambios. Se dirige a trabajar a casi la misma distancia de mi trabajo, pero hacia el Sur, mientras que el mío es en pleno centro de la ciudad, o sea norte de nuestro estacionado vehículo. Parece casi como si lo hubiéramos elegido por su localización estratégica, lo que fue otro valor agregado a este escondite del olimpo.

Al volver, es momento de relajar. Yoga en el césped, fotografía, playa, leer y esperar a que oscurezca. En ese momento es cuando hay muchos menos autos estacionados y cuando empieza la operación.

Algunos vecinos.
Algunos vecinos.

Primero llevo mi bicicleta al otro lado del parque y la oculto entre la vegetación, a unos metros de la calle.
Vuelvo y me subo a la furgoneta. Le doy arranque y espero unos minutos para que la batería se recargue por el tiempo detenida. Aprovecho para hacer esto en el mismo lugar donde estuvo todo el día, ¿para qué? Para que cualquier sonido que atraiga posible atención sea de un auto que está a punto de irse y no uno que se quede. Cambio a primera, salgo despacito, y doy la vuelta buscando un lugar cerca de donde dejé mi bici. Salgo y cierro la puerta como para que se escuche. Doy la vuelta silenciosamente y entro por la puerta corrediza seriamente aceitada, la cual se encuentra del lado izquierdo del auto que conecta justo con el parque. Podría cruzar por entre los asientos para ir atrás, pero sirve para que quede la sensación que alguien llegó en auto, estacionó, y salió a hacer lo que sea.
Quizá suene muy extremo y demasiado meticuloso, pero teníamos una apuesta muy grande en nuestras manos como para dejar algún cabo suelto.
Ari llega pedaleando al poco tiempo, oculta su bici cerca de la mía, y listo, otra jornada gratis ha finalizado.


Entonces, a la siguiente noche hacemos exactamente lo mismo, mover la van al otro extremo de los jardines. Este accionar (suponemos) silencia las dudas de algunos que piensen que hay un auto abandonado y terminen llamando a las autoridades. Lo último que queremos es que nos despierte una multa, y peor aún, perder este paraíso.
A medida que nuestras ideas funcionaban pasábamos a la próxima etapa. Las que no, nos enseñaban algo nuevo. Es increíble de poderoso el fenómeno de que cuando alguien tiene muy en claro lo que quiere, no hay nada ni nadie que te pare.

Saint Vincent Gardens.
Saint Vincent Gardens.

TRABAJO CON COMIDA, DUCHA, LAVANDERÍA, ELECTRICIDAD E INTERNET
Luego de tener resuelto dónde estacionar tranquilos, surgen otras necesidades que quizá ustedes se estén preguntando.
Vamos por parte:

-Trabajo y comida
Si quieren hacer unos dólares y además cubrir el gasto de comida, recomiendo una labor relacionada con ese tema. Cualquier área en alimentos y bebidas (food and beverage) funciona. Puede ser en hoteles, restaurantes, bares, panaderías, etc. En mi caso y por mi experiencia en hotelería, apunté a los grandes y gordos referentes de la industria para el puesto de mesero. Víctima elegida: Westin Melbourne Hotel, uno de los más picantes de la city.

El hotel está entre el museo y la catedral.
El hotel está entre el museo y la catedral, pleno centro.

Lo principal es ser contratado, y para eso hay que responder lo que ellos quieren escuchar. Por ejemplo: me preguntaron donde vivía y que hable de mí. Decir que vivo en un auto y que para esa misma entrevista en el lujoso lobby me afeité usando el espejo retrovisor, que me bañé en las duchas públicas de la playa y que sólo quiero hacer unos pesos e irme cuando yo considere necesario, arruinaría todo como tornado sobre castillo de naipes. La dirección que les dí fue de la de una amiga de Arianne, quien ya hace unos años vive por la zona.
Una vez adentro, uno juega las fichas que quiere. La idea es hacer la máxima cantidad de horas para no sólo facturar, sino también comer gratis y al final de la jornada llevar a casa la comida que van a tirar. Todo sirve y nada se desperdicia.

También sentía que vivía en dos mundos: uno muy estructurado, elitista, de uniformes, estándares y sirviendo, por ejemplo, una taza de café que supera nuestro presupuesto semanal. Por el otro lado, dormía clandestinamente en un auto con todo lo que involucra y que les conté antes. Fue vivir fuera del sistema pero usándolo al máximo sin que se entere.

Ari, por su cuenta, trabajó en un restaurante griego desde donde también traía su parte. Cada encuentro post laboral era un banquete dentro de la van: ensaladas, sándwiches, souvlakis (verduras y/o carne cortada dentro de un pan plano enrollado), cosas asadas y hasta postres griegos. Fue la era dorada de la alimentación y gratis. Antes de salir de día franco o libre, la recaudación gastronómica debía ser mayor que lo normal para puentear esos días de no producción.

Mate + masitas dulces del hotel = combinación fatal.
Mate + masitas dulces del hotel = combinación fatal.

-Comida a donación
En nuestros días libres y cuando surgía un encuentro social con amigos, ya teníamos lugar de reunión para el almuerzo y/o cena. Lentils as anything son los restaurantes a donación más conocidos de Melbourne. En estos lugares tan especiales la comida no tiene precio y uno abona lo que le parezca correspondiente al final de la velada. Esto hace que comer afuera sea redituable hasta para nosotros. Para devolver el favor, recomiendo ser voluntario aunque sea una vez, lo vale millones.

Voluntarios de Lentil as Anything.
Voluntarios de Lentil as Anything.

Nosotros conocimos sólo dos: uno en Saint Kilda, el cual es a la carte, y el otro es buffet o auto servicio por la zona de Abbotsford.
Ambos tienen su estilo. El primero tiene un espacio más reducido e íntimo, con platos tanto indios como japoneses. Mesas limitadas pueden crear largas esperas.

El otro “Lentils” se encuentra en la zona de Abbotsford, norte de la ciudad. Recomiendo este último por capacidad, espacios verdes, auto servicio, y a veces hasta hay música en vivo.
Todos ellos fueron creados por un muchacho de Sri Lanka que vive hace mucho en Australia y quién decidió que “todos merecen un lugar en la mesa”, slogan de esta admirable y noble idea. Sus productos e ingredientes son en gran parte donados y la mano de obra se maneja con voluntarios, de lo cual fuimos parte también. Sólo el cocinero y algún otro puesto clave cobra un sueldo, el resto lo hace por colaboración. Es comida india y de Sri Lanka por lo general, pero los platos varían tanto como los postres. Cafetería de la mejor, incluida. Deliciosísimo.

El "lentil" de Abbotsford está dentro de un convento reciclado.
El “lentil” de Abbotsford está dentro de un convento reciclado.

-Ducha
Siempre está la opción de las frías duchas públicas en la playa aunque dejan de ser conveniente cuando se comienza a trabajar y cuando llega el frío.
El dato celestial fue el que nos pasaron unos amigos sobre un centro acuático o escuela de natación. Vistiendo ropas deportivas (para camuflarse) y sin atraer mucho la atención, logramos nuestras primeros chorros de agua caliente sobre nuestras cabezas luego de semanas sin esa sensación.
En mi caso, esta fue otra razón para aplicar y trabajar en un hotel. Los que son de cadena o de alta categoría tienen vestuarios provistos de ducha y toallas, bendiciones del más allá.
Y… ¿Qué más se puede pedir? Llego a trabajar una hora antes, me ducho, me afeito ahí mismo, busco mi uniforme lavado y planchado, y a largar nomás. Soy un desastre para el sistema.
Mientras tanto, Ari se siguió bañando en el centro acuático todos los días, el cual le quedaba camino al restaurante griego.

En piscinas públicas siempre hay duchas cerca.

-Lavandería
He aquí nuestro único gasto fijo cada dos semanas. Al no poder hacer la misma desprolijidad de lavar ropa como en el desierto, aquí tuvimos que optar por lo civilizado y portarnos bien.
El lavado y secado en una sola máquina es nuestro gasto fijo más alto, 5 dólares. No quiere decir que seamos dos dibujos animados usando la misma ropa todos los días, sino que al estar usando uniforme en el hotel la mayor parte de los días, no se ensucia tanto y pasa a ser un desembolso ínfimo.

Así es como no se tiene que hacer en plena ciudad.
Así es como no se tiene que hacer en plena ciudad.

-Electricidad e internet
Para cargar los equipos como, cámaras, celulares, y computadoras, usamos un transformador de corriente conectado al vehículo. Pero claro, esto sólo sucede cuando estamos en movimiento. Al estar detenidos por mucho tiempo, la alternativa son las bibliotecas públicas. Santuario de paz, tranquilidad, Wi-Fi gratis, libros y ¡enchufes! Si, tocados por una varita.

Biblioteca central de Melbourne. Fuente: tripadvisor.
Biblioteca central de Melbourne. Fuente: tripadvisor.

SE PODRÍA DECIR QUE LO LOGRAMOS…
En definitiva, tuvimos una estadía casi gratuita. Digo casi, porque llegamos a tener un gasto de entre 5 a 10 dólares, entre los dos, por semana. Fue por la lavandería, antojos de comida y restaurantes por donación.

Fórmula Uno de Australia a pocas cuadras de casa.
Fórmula Uno de Australia a pocas cuadras de casa.

En nuestro caso, hicimos algunos viajes para explorar los alrededores, y eso obviamente incrementó un poco más nuestro derroche en combustible. Fueron visitas relámpago (sin tener que empacar) a Wilson Promontory (recomendadísimo), Phillip Island, Eildon Lake y Dubbo. Eso es opcional, pero hacerlo, ayuda a que la camioneta sea menos visible por el barrio y que de alguna manera nos tranquiliza un poco más, porque al final, todo suma en el juego de no ser descubierto.

Phillip Island.
Phillip Island.

A pesar de que muchos dijeron que era imposible, o que nos multarían tarde o temprano, aquí estamos, invictos para contarlo.
Fue la misma clandestina rutina día tras día por tres meses. Cada mañana al abrir los ojos era una nueva victoria en nuestra bitácora.
Es tedioso, lo sé, y también hubo días difíciles que quisimos desaparecer, pero en definitiva es lo que elegimos y teníamos que terminar lo propuesto.
Al final, la recompensa de economía, adrenalina y aventura lo valió mil veces.

Wilson Promontory: mucha vida salvaje, especialmente wombats.
Wilson Promontory: mucha vida salvaje, especialmente wombats.

UN HUMILDE PEDIDO
Mi único llamado a la solidaridad luego de brindar esta información, es para aquellos que quieran hacer algo similar en los lugares antes mencionados.
Mucho respeto, en especial con los vecinos. Si ellos los ven repetidas veces entrar y salir del automotor van a crear una sensación de incomodidad, en especial en familias. No dejen la compuerta lateral abierta mientras realizan sus quehaceres. Y traten de centrar su actividad durante la noche, en lo posible. Si mantienen un perfil ultra bajo, todo va genial, pero siempre recuerden que se está haciendo algo que va más allá del marco legal.

¡Gracias por pasar y espero que les sirva a algunos y sea de inspiración para otros!

 

 

 

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