Un príncipe en el desierto rojo

Un príncipe en el desierto rojo

Después de días de dejar Perth, la ciudad más grande y capital del estado de Australia Occidental llegamos al pueblito de Northampton. Estamos buscando algo sin saber enteramente si es real (en sus dos significados) o no.
Antes de largar con nuestro roadtrip alguien nos comentó que existe una micro nación dentro de Australia, y muy cerca de dónde estamos en este momento.
Nos detenemos a cargar combustible y preguntamos a todo lo que se mueve sobre (y sin estar muy seguro de qué estábamos pronunciando) un lugar conocido como, el Principado de Hutt River. Suena cómico pensar que pueda existir un lugar así en el gran desierto australiano, pero los locales no nos miran como si estuviéramos locos.
Nos dan algunas indicaciones y salimos derrapando a máxima velocidad. No, mentira, a la gorda no le da el motor. Conducimos despacito y al rato nos desviamos por un camino de tierra, para ir aún más despacio.
Calle de ripio eterna, algunos arbustos, y ni un árbol hasta donde dé el ojo, ese era el paisaje. Sin carteles que indiquen nuestro destino, le dimos derecho sin vacilar. Por suerte teníamos el tanque casi lleno en caso de perdernos. Los únicos seres que nos cruzábamos bajo este sol fulminante eran aves de presa comiendo canguros muertos a ambos lados del camino. Este párrafo describe casi en su totalidad al outback, como se conoce a todo aquel territorio fuera de la comodidad de las ciudades. Pura y hermosa desolación.

Eterno ripio.
¿Es por acá?

Cuando pensamiento como “¿qué estamos haciendo acá?” y “mejor que volvamos antes de quedarnos sin nafta” empezaron a aflorar, justo a lo lejos vemos un cartel que dice “Border” (frontera). Un mensaje tan utópico es bastante difícil de entender en una isla como Australia que no tiene límites terrestres con otros países. Algunos pensarían que se les magnetizó la brújula, pero para nosotros era una buena señal.

En la frontera...
En la frontera.

Finalmente logramos divisar unos techos de chapa y por la primera tranquera, entramos.
Inmediatamente ubicamos una especie de iglesia y otras construcciones dentro de un radio de 80 a 100 metros, castillo todavía no vemos. Simplemente una granja más. Paz y tranquilidad desértica nos rodea tan pronto apagamos el motor en aquella tarde calurosa de noviembre del 2013.
Vemos lo que parece una cabeza esculpida de buen tamaño y nos acercamos. Atrás encontramos dos estatuas de metal reciclado que nuestra imaginación nos dice que una es femenina y la otra masculina. Esto cada vez se hace más bizarro en pleno desierto.

El príncipe cabezón.
El príncipe cabezón.

Nos dirigimos al edificio donde parece haber movimiento e ingresamos. Ahí mismo nos recibe un hombre de tercera edad, se presenta como Leonard, y se ofrece para mostrarnos los alrededores.
El primer edificio que visitamos es un garaje donde están los dos autos personales del príncipe, que no creo que hayan sido usados por un buen rato por su capa arenosa de buen espesor.

Un Roll Royce en el desierto...
Un Roll Royce en el desierto…

Seguimos caminando y pasamos a la sala de condecoraciones, medallas, reconocimientos y fotos. En una de ellas vemos un hombre con uniforme militar de gala y rasgos faciales similares a nuestro guía. ¡Eran la misma persona! Quien nos estaba guiando era el mismísimo Príncipe Leonard George Casley, máximo soberano del Principado de Hutt River. Nuestra suerte iba en crecimiento proporcional a las temperaturas asesinas de la tarde.

Comandante supremo de las fuerzas, príncipe y nuestro guía...
Comandante supremo de las fuerzas, príncipe y nuestro guía…

UN POCO DE HISTORIA…
Allá por el año 1969, un ávido granjero llamado Leonard George Casley tuvo algunas diferencias con el gobierno australiano por una ley de impuesto al trigo. Un día, el futuro príncipe (que sin saberlo aún) cansado de los manejos y abusos de la autoridad descubrió una grieta en la constitución australiana en cuanto a la creación de nuevos territorios exentos de impuestos.
El 21 de abril de 1970 se crea la provincia de Hutt River. El gobierno de Australia lo declara inconstitucional y lo amenaza con tirarle los perros de la Corte, entre otras travesuras, como desviarle el correo a Canadá. Casley responde auto proclamándose con el título de “Príncipe de Hutt River”, para aprovecharse de una ley que dice que un monarca no podrá ser enjuiciado y que aquel que interfiera con sus labores será acusado de traición.
Parece que el granjero sabía la constitución mejor que cualquier primer ministro de turno.
Entre muchas idas y vueltas legales, “Leo” siguió con su plan y se pasó de provincia a territorio. Al tiempo la granja mutó de título por última vez, siendo conocida como Principado.
Aunque hasta el día de hoy esta micronación sigue sin ser reconocido por el gobierno australiano y otros países, muchos sí lo hacen, como por ejemplo el Papa Juan Pablo II, entre varios personajes de gran peso mundial.

La iglesia.
La iglesia.

CIFRAS REALES.
Los habitantes permanentes son unas 23 personas en un área de 75 kilómetros cuadrados, “similar dimensión a la de Hong Kong” (quizá hace algún tiempo) nos dice Leonard mientras apunta con su dedo índice a un mapa del principado que cuelga en la pared rodeado de medallas.
“El principado es más antiguo que Alemania (re unificada)”, agrega orgulloso.
A pesar de su limitada población permanente, posee una gran cantidad de representantes ad honorem alrededor del mundo, aproximadamente 14.000. Es más, en caso que se desate algún conflicto bélico y peligre la seguridad del principado, hay una docena de tanques de guerra esperando a la orden de nuestro querido e interesante guía real, y que también es el comandante supremo de todas las fuerzas. ¿Quieren saber dónde están guardados esos tanques? Eh…en algún galpón de Las Vegas. Si, en Estados Unidos. Nosotros tampoco entendimos muy bien en tenerlos tan lejos, pero lo importante es que los tanques están, supongo.
Hoy en día recibe unos 40.000 turistas de todo el mundo por año y ahora no sólo vende trigo y ganado, si no también souvenirs, monedas, billetes y estampillas. Algunas de esas estampas me fueron intercambiadas a cambio de mi vencido pasaporte argentino, que parece faltaba en su colección. Mi primer trueque con un príncipe. Esa será una anécdota para mis nietos.

Estampillas en honor a la recién fallecida princesa Shirley...
Estampillas en honor a la recién fallecida princesa Shirley…

MÁS QUE SIMPLEMENTE UN GRANJERO PRÍNCIPE.
Si todavía no pueden creer que un granjero se hizo príncipe en pleno siglo XX, aquí va un poco más de su currículum vitae.
Casley tiene su propia secuencia numérica basada en el sistema Fibonacci (de Leonardo Fibonacci), que a su vez fue el que introdujo los números indios arábicos al Occidente allá por el año 1202. Hizo el intento de explicarnos, pero entre su acento australiano bien acentuado y difícil de seguir en temas complejos, más nuestra falta de amor por las matemáticas se pasó a otros temas.

Leonard y su propia serie Fibonacci
Leonard y su propia serie Fibonacci.

Ha escrito libros que entremezclan ciencia y espiritualidad con títulos como, “La naturaleza holística de la realidad”, “la realidad de las revelaciones de la naturaleza”, “la ciencia de la creación y la espiritualidad”, etc. Todo un matemático espiritual del cual nos hubiera encantado poder seguir aprendiendo, pero allá a lo lejos se ve un colectivo lleno de turistas cruzar la tranquera y dejando en claro que nuestro tour personalizado por el principado había llegado a su fin.
Nos despedimos de Su Alteza con un fuerte apretón de manos luego de que estampara nuestros pasaportes.

¡Visa de Hutt River!
¡Visa de Hutt River!

Antes de subir a la van y arrancar, se me ocurre pedir una tarjeta personal o algo similar como recuerdo, y para demostrar a aquellas almas que puedan dudar sobre la existencia de este lugar, que hasta yo lo haría.
Vuelvo al  “ayuntamiento” y me encuentro con un hombre de mediana edad y quien puede haber sido tranquilamente el hijo del príncipe. Le hago mi pedido y me entrega cordialmente su propia tarjeta personal. Le agradezco y mientras camino de vuelta a nuestro vehículo me doy cuenta que acababa de conocer al ¡ministro de comunicaciones electrónicas!

...y uno ya empieza a pedir todo...
La tarjeta personal.

La verdad que no importa si éste último sólo cambia los foquitos de luz de la granja, le limpia la PC de posibles virus a la realeza, o le arregla el teléfono fijo. Tampoco si todo esto parece un chiste desde el comienzo. Yo estaba feliz porque en un día conocimos una de las micronaciones más atípicas del mundo, a su príncipe y a uno de sus ministros, en lo que fue nuestra visita diplomática no protocolar, pero sí Real.

El príncipe y los mochileros...
Un saludo protocolar.

Web: www.principality-hutt-river.com

2 thoughts on “Un príncipe en el desierto rojo

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